Páginas

jueves, 22 de enero de 2026

"Todos Olímpicos" en el CEIP Los Giles

 


Este martes nuestro centro tuvo el honor de recibir la visita del triatleta olímpico Cesc Godoy, dentro del proyecto “Todos Olímpicos”, una iniciativa que acerca los valores del olimpismo a los centros educativos. Nuestro alumnado lo entrevistó y puedes escuchar el podcast en nuestro blog: https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2026/01/20/todos-olimpicos-acerca-los-valores-del-deporte-a-nuestro-centro/



lunes, 19 de enero de 2026

El Barranco corrió en Tamaraceite

 


Consecuencias de las luvias caídas en Tamaraceite este fin de semana.

lunes, 12 de enero de 2026

La cuesta de enero

Por Esteban G. Santana Cabrera


Pasamos de unos días cargados de ilusión, emociones, esperas, bullicios, colas, a, de golpe y porrazo, convertirse en silencio, desesperación, intranquilidad. Por eso quiero centrarme en esos días posteriores que nos llenan de ansiedad y desasosiego, por no pensar en las consecuencias de pasar la tarjeta de crédito a destajo o todos los pagos a plazos. Porque, nunca mejor dicho, todo se paga.

Y todo comienza el Día después de Reyes, que hoy en día suele amanecer con las calles en silencio, los juguetes desparramados por el suelo y una mezcla extraña de satisfacción y cansancio. Pero de pronto, cuando se apagan las luces, se guardan los adornos y, casi sin darnos cuenta, comienza la famosa cuesta de enero. Una cuesta que, en muchos casos, no es fruto del azar ni de una mala racha, sino de decisiones tomadas con más emoción que reflexión.

Durante semanas nos hemos subido al tren del consumismo. Comprar, regalar, celebrar. Como si la felicidad tuviera un precio fijo y como si el cariño se midiera en paquetes envueltos con papel brillante. Pocas veces nos detenemos a pensar que todo lo que se compra se paga. No solo con dinero, sino también con tranquilidad.

Después de las sonrisas, de los Reyes Magos, llegan los llantos.  La tarjeta que no da más de sí, las cuentas que no cuadran, el agobio al final de mes. Y entonces aparecen los recortes. No en lo superfluo, sino en lo básico. Se aplazan cosas muy importantes, se vive con una ansiedad que va calando poco a poco. El exceso de ayer se convierte en la preocupación de hoy.

Pero esto no es nuevo, pero sí cada vez más normalizado. Hemos aprendido a vivir por encima de nuestras posibilidades y a justificarlo en nombre de la ilusión, de los niños, de la tradición. Sin embargo, educar en la ilusión no debería significar educar en el despilfarro, ni confundir amor con consumo.

Tal vez ha llegado el momento de hacer una pausa. De recuperar el pensamiento crítico y la cordura. De recordar ese consejo tan sencillo y tan olvidado: “no echarse a la boca más de lo que uno puede comer”. Porque cuando lo hacemos, las consecuencias no tardan en llegar, y no solo se reflejan en números rojos, sino también en el desgaste emocional, la culpa y la frustración.

Celebrar no debería hipotecar el futuro. Vivir con sentido común no quita alegría, la protege. Y quizá la mejor lección que podemos dejar después de Reyes no esté en lo que regalamos, sino en cómo aprendemos a vivir dentro de nuestras posibilidades, con menos exceso y más conciencia. Porque aquellos regalos que más llegan son los que perduran en el tiempo, y desgraciadamente nunca son cosas que se pagan con dinero.

InfoNorte Digital

TeldeActualidad

La Provincia


sábado, 10 de enero de 2026

El Papa mira a Canarias

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

La sociedad canaria está de enhorabuena por la primera visita de un Papa a Canarias. Y esto no se queda solo en  un hecho histórico, ni en un gesto cualquiera ni en una cita más en la agenda del Santo Padre, va mucho más allá. Para quienes vivimos en estas islas, supondrá un reconocimiento profundo a una realidad que llevamos años afrontando en silencio, con cansancio, viviendo en nuestras propias carnes la insolidaridad del resto de comunidades autónomas y del Estado,  pero también con dignidad. La llegada del Papa León XIV, retomando la promesa que el Papa Francisco dejó a los fieles canarios poco antes de morir, tiene un fuerte valor simbólico, el de una Iglesia que no se olvida de las periferias, ni humanas ni geográficas, que no se olvida de los que más sufren y buscan un futuro mejor, pero tampoco se olvida de los pueblos que acogen.

Canarias, territorio muy sensible a la migración desde época histórica, se ha convertido en una de las principales puertas de entrada de emigrantes hacia Europa. Detrás de cada cayuco que llega a nuestras costas hay rostros, nombres, historias rotas por la pobreza, la violencia o la desesperanza. Con el paso del tiempo, el impacto de este fenómeno ha ido calando en la sociedad canaria, generando solidaridad, pero también miedo, desgaste y sensación de abandono institucional. La presencia del Papa supone un acto de cercanía por parte de la Iglesia, una manera de decirnos que nuestra realidad sí importa y que no estamos solos.

La Iglesia puede y debe jugar un papel clave ante el drama migratorio que sufre Canarias. No solo como altavoz que denuncia la injusticia de un sistema que ha convertido, a los ojos de todos el Atlántico, en el mayor cementerio de Europa, sino también como espacio de acogida y mediación. Muchas parroquias, Cáritas, asociaciones y comunidades religiosas están sosteniendo, en silencio, una labor inmensa de ayuda humanitaria, acompañamiento y defensa de los derechos humanos. La visita del Papa es una manera de reforzar y visibilizar este trabajo, dándole mayor fuerza moral y social.

Pero más allá de la ayuda material, la Iglesia tiene la capacidad de humanizar el debate migratorio. En tiempos en los que el discurso político se polariza y el migrante se reduce a cifras o problemas, el mensaje evangélico se centra en las personas. La presencia del Papa en Canarias es una llamada directa a Europa y al mundo a mirar la migración no como una amenaza, sino como una realidad de este siglo que exige corresponsabilidad, justicia y sobre todo, mucha humanidad.

Para el pueblo canario, esta visita es un gesto de esperanza, donde se  reconozca el esfuerzo de una tierra que acoge, aun cuando sus recursos son limitados. Que el Papa pise nuestras islas es, en el fondo, una invitación a no endurecer el corazón, a seguir tendiendo la mano sin perder la exigencia de soluciones políticas justas y duraderas.

Los canarios esperamos esta visita con gran alegría, ya que la Iglesia y su máximo representante en la Tierra, es un faro que alumbra en medio de esta crisis migratoria global. Y quizás eso sea lo más importante de esta primera visita papal a Canarias, recordarnos que la fe, cuando se hace compromiso, se convierte en esperanza.

La Provincia

TeldeActualidad

InfoNorte Digital



martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes Magos, protagonistas pese a todo

Por Esteban G. Santana Cabrera

Como cada año, el 5 de enero, vuelvo al mismo sitio, al Parque de Santa Catalina, llueva o haga sol, al banco de siempre, la misma espera que parece eterna y, sin embargo, con la ilusión de cada año. Es la tarde de Reyes más lluviosa de los últimos años y, aunque el tiempo no ha acompañado, el público infantil no ha querido faltar. Los niños miran, debajo del paraguas de sus padres, al fondo de la calle Albareda, con la certeza absoluta de que la magia existe,  esperando a sus Reyes Magos aparecer. Esos mismos Reyes Magos que fueron siguiendo una estrella hasta un portal humilde donde, hace más de dos mil años, nació el Niño Jesús. Aunque desgraciadamente, para muchos, eso poco importa ya.

La cabalgata se anunciaba “con muchísimas novedades”. Récord de participación, más de mil figurantes, dieciocho vehículos, muñecos hinchables gigantes que prometían hacer las delicias del público. Y mientras tanto, a mi lado, un niño de no más de cuatro años aprieta con fuerza la mano de su madre. No pregunta por Toy Story ni por Harry Potter. Pregunta por qué Melchor no viene ya, que se va a mojar. 

La espera es parte del ritual. La lluvia ha estado más presente que otros años pero dio una tregua. Los niños y las niñas  se suben a los hombros de los mayores, se sientan en el suelo aunque se mojen, se levantan de golpe cuando suena una música lejana. Cada sonido parece anunciar algo que viene. Es una espera nerviosa, ilusionante, casi sagrada. En algún momento, alguien menciona la chupa. Ese acto pequeño y enorme a la vez: entregar la chupa a los Reyes como prueba de que el bebé ya es mayor. Veo a una niña sujetarla con una fuerza que la supera, aunque los ojos se le humedecen. No hay muñeco hinchable que compita con ese instante.

Empieza el desfile y lo hace, como casi siempre, con estruendo y este año con algunas gotas en momentos molesta. Luces de colores, música, personajes que nada tienen que ver con Oriente ni con camellos ni con estrellas. Los niños mirando fijamente. Se ríen, señalan, se distraen. Pero también preguntan. “¿Cuándo vienen los Reyes?”, “¿ya llegan?”. La cabalgata avanza lenta, interminable por momentos, como si se olvidara de su verdadero motivo.

Una pregunta había entre los mayores: ¿qué tienen que ver los muñecos Disney con los Reyes Magos? ¿De verdad hace falta tanto ruido para sostener la ilusión? Y no dejan de tener razón. Porque la ilusión ya está ahí. Vive en la espera, en la carta escrita meses antes, en el miedo a no haber sido lo bastante bueno, en la esperanza de que Melchor, Gaspar y Baltasar lo sepan todo y aún así perdonen las pequeñas trastadas.

Cuando por fin aparecen, todo cambia. No importa cuántos personajes hayan pasado antes. No importa la espera, ni el cansancio, ni la lluvia, ni el tiempo de pie. Los niños se estiran, gritan, agitan las manos. Algunos se quedan en silencio, sobrecogidos. Otros lloran sin saber por qué. Es emoción en estado puro. Los Reyes Magos existen en ese momento, y existen de verdad.

Desde Santa Catalina los veo pasar a toda prisa, lanzando confetis, saludando, mirando a los niños como si fueran los únicos. Y lo son. En ese instante, cada niño siente que ese Rey le mira solo a él. Ahí está la magia que no necesita adornos, ni muñecos a su alrededor, ni carrozas anunciadoras.

Cuando todo termina, quedan papeles mojados en el suelo, suciedad, gente corriendo para no mojarse, padres agotados y niños con la cara iluminada. Mañana habrá regalos, pero hoy queda algo más importante, la certeza de haber visto a sus Reyes. Y pienso que, quizás, no hace falta tanto disfraz ni tanto espectáculo. Que la cabalgata de Reyes no debería olvidar nunca que no es un carnaval. Es un acto de fe infantil. Y eso, por sí solo, ya lo hace extraordinario. Feliz Día de Reyes.



La Provincia

viernes, 2 de enero de 2026

Las Charcas de San Lorenzo, revestidas de verde esperanza

 

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Las últimas lluvias han obrado un pequeño milagro en Las Charcas de San Lorenzo. Allí donde durante
los últimos años solo hubo polvo, olvido y dejadez, ha vuelto a brotar el verde. Un verde intenso, casi insolente, que se abre paso entre la tierra húmeda y nos recuerda que la naturaleza nunca se rinde del todo. Pasear por este rincón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria es, por momentos, sentirse lejos del asfalto, como si camináramos por algún paraje del norte peninsular y no en pleno corazón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En estas vacaciones he recorrido este espacio con mis hijos. Sus ojos, acostumbrados al cemento y a las pantallas, se abrían sorprendidos ante los estanques que han vuelto a coger agua, ante la vegetación que reverdece y ante la sensación de estar descubriendo un lugar secreto. Los estanques de barro, silenciosos durante tanto tiempo, parecen reclamar su memoria, aquellos años en los que las aves encontraban aquí refugio, descanso y lugar para nidificar. Un ecosistema vivo, construido por generaciones pasadas, que supo armonizar el uso agrícola con el respeto al entorno.

Pero junto a la esperanza, aflora también la herida. Porque las recientes lluvias han sacado a la luz no solo la vida, sino también el abandono. Acequias históricas colmatadas de escombros, el Camino Viejo de San Lorenzo convertido en improvisado vertedero, restos de una desidia que devalúa un patrimonio hidrográfico y etnográfico único. Resulta doloroso comprobar cómo un espacio catalogado por su alto valor ambiental y ornitológico sigue a la buena de Dios, sin protección real, sin mantenimiento, sin un proyecto que lo devuelva a la ciudadanía.

Llevamos años reivindicando que Tamaraceite es el espacio ideal para crear un gran parque agroambiental en una gran ciudad, y que pueda ser un Aula de la Naturaleza referente a nivel nacional por ser una zona de interés agrícola y donde se encuentran zonas de cultivo en expansión, estar atravesada por un camino real, que antaño unía los pueblos de Tamaraceite y San Lorenzo y que era zona de paso entre la ciudad y Teror, existiendo actualmente este camino que llega por el Román y San José del Álamo hasta la Villa Mariana. La situación estratégica en la que se encuentran las Charcas de San Lorenzo ha sido reconocida por distintas organizaciones por ser zona de paso de aves migratorias.

Las Charcas de San Lorenzo no son un solar vacío esperando su turno para ser urbanizado. Son historia viva. Son arquitectura del agua del siglo XVII. Son un corredor natural en una ciudad que crece sin pausa y que necesita, más que nunca, pulmones verdes, lugares de encuentro y de educación ambiental para los más jóvenes. Aquí, a escasos metros de centros comerciales y grandes infraestructuras, podría latir un espacio distinto, un Parque Agroambiental que combine naturaleza, agricultura, cultura y aprendizaje.

Ahora que se acercan los Reyes Magos, es buen momento para pedir deseos que no se envuelven en papel de regalo. Que las administraciones miren hacia este lugar con la responsabilidad que merece. Que se recupere el proyecto ya existente, fruto de años de trabajo ciudadano y técnico. Que se rehabiliten los estanques, las acequias y el Camino Viejo. Que vuelvan las aves, los escolares, los paseantes. Que este verde reciente no sea solo un espejismo tras la lluvia, sino el inicio de una transformación justa y necesaria.

Porque cuando la naturaleza responde así, incluso después de tanto abandono, no está pidiendo limosna. Está exigiendo respeto. Y Las Charcas de San Lorenzo lo merecen. No dejen de visitarlas antes de que el verde se convierta en gris.

La Provincia