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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
La revista Educación 3.0 de este trimestre recoge como una de las experiencias prácticas, uno de nuestros proyectos radiofónicos, "Tertulia de Mujeres". Un programa que surge desde el área de Igualdad de nuestro centro y que ya va por su cuarta temporada, con el objetivo de darle voz a las mujeres de nuestro entorno, empoderarlas y prevenir la violencia de género.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Debemos partir de que el lenguaje evoluciona con cada generación. Nosotros, en nuestra juventud, también empleábamos expresiones “diferentes”, aunque no nos acordemos. Nuestras expresiones no son las mismas que las de nuestros padres y menos si la comparamos con las de nuestros abuelos, sobre todo porque la sociedad no es la misma. Lo que nos parece extraño o incomprensible ahora como “fomo, cringe o wtf” es simplemente un reflejo de cómo los jóvenes actuales construyen su mundo y se comunican entre sí. Estas expresiones parecen “jergas” o modismos que a uno le cuesta entender, pero esconden un fenómeno lingüístico y social que se ha dado siempre, solo que hoy lo vemos de forma más acelerada y globalizada.
En lingüística, términos como estos forman parte del argot diario, variedades del lenguaje propias de un grupo social que sirven para comunicar significados concretos entre sus miembros y, al mismo tiempo, para marcar identidad y pertenencia. El argot no es algo únicamente moderno, siempre ha existido entre los jóvenes, en los jóvenes de los años ochenta con expresiones locales propias del barrio lo que ahora se ha intensificado gracias a los medios de comunicación y las redes sociales.
Las palabras que menciona mi hija no surgen por “capricho” o por deterioro del idioma. Tienen funciones claras: fomo (acrónimo de fear of missing out) resume una experiencia psicológica de ansiedad social en pocas sílabas; cringe permite etiquetar situaciones o comportamientos embarazosos en un contexto social digital; wtf es una forma de abreviar una reacción intensa. Este proceso de abreviación responde a necesidades de comunicación rápida, eficiente y compartida.
Las redes sociales no son “culpables” moralmente, pero sí funcionan como vehículos potentes de difusión y evolución lingüística. Antes, una expresión podía quedarse en un grupo o en un barrio. Hoy, con TikTok, Instagram o Youtube una palabra creada por un streamer en Estados Unidos puede «viajar» al mundo entero en cuestión de horas, y ser adoptada por adolescentes de Canarias, Buenos Aires o EEUU. Esta difusión global amplifica la velocidad de cambio lingüístico y hace que los términos se vuelvan obsoletos con más rapidez que en generaciones anteriores.
Lo que está claro es que detrás de estas expresiones hay fenómenos sociales, los jóvenes buscan marcar su identidad generacional, diferenciarse de los adultos y reforzar un sentido de grupo. Eso no es solo jugar con palabras, es crear un código compartido, una cultura simbólica que fortalece vínculos y permite expresarse en contextos que quizá las normas del lenguaje estándar no abarcan plenamente.
¿Influye la música? Sí, sobre todo cuando artistas populares integran estas expresiones en sus letras y así las consolidan en el uso cotidiano. Pero el motor principal sigue siendo la interacción social entre los jóvenes, cómo se reconocen, cómo se entienden y cómo construyen significados con sus iguales.
En definitiva, es importante ver estos cambios no como una “degradación” del castellano, sino como parte de su dinámica natural. El lenguaje es un organismo vivo que se adapta a la sociedad del momento, incorpora nuevas expresiones, transforma y crea una nueva forma de comunicar. Lo que hoy nos puede sonar extraño a los adultos, mañana, a buen seguro, estará integrado en el habla de todos.
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| Por Esteban Gabriel Santana Cabrera |
El X Encuentro De Palique volvió a reunir la radio pública, la radio comercial y la radio escolar. Pero, sobre todo, reunió a quienes verdaderamente dan sentido a este proyecto, al profesorado y al alumnado canario. Niños y niñas que, al sentarse frente a un micrófono, descubren semana tras semana que su voz también importa, que sus preguntas tienen valor y que lo que practican en sus centros educativos trasciende más allá de las paredes de sus centro educativos.
A lo largo de estos diez años, la radio escolar en Canarias ha ido abriendo caminos en muchos centros educativos. Lo que comenzó como una iniciativa innovadora en el CEP de Telde, se ha convertido en una forma diferente de aprender. Cuando la radio entra en la escuela no solo se trabaja la expresión oral o la competencia lingüística, también se aprende a escuchar, a investigar, a respetar turnos de palabra, a construir pensamiento crítico y a trabajar en equipo. La radio, casi sin darnos cuenta, transforma el aula en un pequeño laboratorio de comunicación y ciudadanía como decía uno de los invitados a este encuentro, José Manuel Llovet del Prado, que nos demostró cómo la radio es también una herramienta inclusiva..
Este décimo aniversario ha tenido además un significado especial. Como novedad, el encuentro estuvo precedido por unas jornadas formativas que permitieron escuchar experiencias inspiradoras llegadas desde distintos puntos del país. Docentes de la Península como José Manuel Llovet, Marián San Victoriano o Emilio Plazas y de Canarias Ruth María Torres, compartieron cómo la radio puede convertirse en una herramienta educativa capaz de trabajar las emociones, fomentar la inclusión y construir comunidad dentro y fuera de la escuela.
Entre esas voces invitadas destacó la presencia de Jimeno, periodista de Cadena 100, conocido por su sección “Los niños y Jimeno” en la que los niños son protagonistas de la radio cada mañana. Su participación fue bestial y nos trasladó lo que durante años ha demostrado, que la espontaneidad, la creatividad y la mirada de la infancia pueden llenar las ondas de autenticidad. Los niños canarios pudieron ser protagonistas de su programa y pudimos comprobar cómo sus programas no son meras entrevistas o preguntas a los niños, sino que hay una conexión especial entre él y los más pequeños que hace que la radio se convierta en mágica.
Por unas horas, la Calle Triana se transformó en un gran estudio de radio al aire libre. Un espacio donde la educación, la comunicación y la emoción se encontraron en la misma frecuencia. No importaba de dónde viniera cada emisora, ni cada centro educativo, lo importante era el mensaje compartido por todos los asistentes, la radio sigue siendo un medio capaz de emocionar y de educar.
Quizá porque, la radio sigue conservando algo esencial, el poder de la palabra. Una palabra que, cuando nace en la escuela, tiene la capacidad de sembrar curiosidad, despertar vocaciones y construir ciudadanos críticos e informados. Y eso lo pudimos vivir en este Encuentro de Radios Escolares de Canarias que nos permitió, una vez más, el evento De palique. Y cuando esa palabra pertenece a los más pequeños, la radio no solo se escucha, deja huella tanto en el alumnado como en el profesorado.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Esta fecha nos invita no solo a reivindicar derechos y avances, sino también a reflexionar sobre la riqueza y complejidad de la vocación femenina en nuestra sociedad. Entre los múltiples rostros de la mujer contemporánea —profesional, investigadora, líder, artista, emprendedora, política— destaca uno que, aunque a veces parezca quedar en un segundo plano, sigue siendo a mi modo de ver esencial: el de la madre.
En las últimas décadas hemos asistido a profundos cambios sociales. La maternidad se retrasa cada vez más debido a la inestabilidad laboral, a la dificultad para conciliar, a la búsqueda de una mayor formación académica, el deseo de consolidar una carrera profesional o, simplemente, el miedo a no poder ofrecer a los hijos las condiciones que se consideran adecuadas. Por ello, tener hijos es una decisión compleja que se pospone y se analiza cuidadosamente en muchos casos.
Sin embargo, más allá de las estadísticas y las tendencias demográficas, la maternidad sigue siendo un pilar fundamental de la sociedad. La madre no es solo quien da la vida, sino quien la sostiene, la acompaña y la moldea día tras día. En el silencio de lo cotidiano, en las noches sin dormir, en las conversaciones que escuchan y apoyan en los primeros años de vida, en los gestos de ternura y corrección, se construye la persona del futuro. La sociedad entera se beneficia de ese trabajo invisible que rara vez aparece en titulares, pero que deja una huella imborrable en cada uno de nosotros.
Ser madre hoy implica un paso muy importante, que en algunas personas se toma a la ligera y en otras se piensa tanto que se pospone e incluso se sustituye. Muchas mujeres desean desarrollarse profesionalmente sin renunciar a su vocación maternal, y eso requiere un esfuerzo muy importante. Porque maternidad y realización personal no deberían ser elementos contrapuestos, quizás deberíamos redescubrir que cuidar, educar y formar personas es una de las tareas más importantes y transformadoras que existen. Una madre no solo cría hijos, sino que forma ciudadanos, transmite valores, enseña a amar y a respetar.
En este sentido, la Sagrada Familia es presentada en la tradición cristiana como modelo de vida familiar. En ella encontramos un clima de respeto, de amor, de entrega y de fe. María ejerce su maternidad con valentía y disponibilidad, afrontando incertidumbres y dificultades, pero manteniendo siempre la confianza. En ese hogar sencillo se creó un ambiente propicio para el crecimiento integral, donde cada miembro se sentía amado y valorado.
Sin idealizar ni simplificar los desafíos actuales, podemos reconocer que toda familia necesita ese clima de acogida y estabilidad que, en gran medida, la madre ayuda a generar. Cuando la maternidad es valorada socialmente, cuando se apoya a las mujeres para que puedan ser madres sin penalizaciones laborales o sociales, la sociedad entera se fortalece.
En este Día de la Mujer, celebrar a la mujer madre no significa reducir a la mujer a un único papel, sino reconocer la grandeza de una vocación que sigue siendo decisiva. La maternidad, lejos de ser un obstáculo para el progreso, es una inversión en el futuro. Revalorizarla, apoyarla y agradecerla es también construir una sociedad más humana, más solidaria y más consciente de que toda vida necesita amor para crecer de manera íntegra.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
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| Esteban G. Santana Cabrera |
El proyecto de Cadena de Radios Escolares, recientemente aprobado por la Consejería de Educación de Canarias, y que hemos propuesto a la Consejería de Educación el compañero Iván Hombre y yo, encarna precisamente este enfoque. Más de 200 docentes de 91 centros educativos han sido llamados a participar en una comunidad profesional que no solo aprende sobre radio escolar, sino que construye activamente conocimiento pedagógico colaborativo. No es un grupo de formación de profes, en este caso los tutores no vamos a impartir formación sino que seremos guías, facilitadores y acompañantes de una red educativa en la que el aprendizaje se construye entre todos mediante la interacción, la producción conjunta de contenidos y la reflexión crítica. Este enfoque coincide con la definición de comunidad de aprendizaje del citado artículo, donde se plantea que las comunidades no son meros ambientes virtuales de aprendizaje (AVA), sino espacios dinámicos de interacción significativa mediada por tecnologías.
La transición de ambientes virtuales de aprendizaje a comunidades implica reconocer que los entornos digitales funcionan cuando hay propósitos compartidos y relaciones humanas que sostienen el proceso de aprender, más allá del acceso a recursos técnicos. En el artículo de la UNAM se destaca que la tecnología, por sí sola, no garantiza la transformación educativa, lo que realmente potencia el impacto es la manera en que las personas se organizan, dialogan y construyen sentido colectivo. En Cadena de Radios Escolares, la plataforma Moodle no es solo un repositorio de módulos formativos, sino un espacio donde se genera diálogo en torno a la radio, se comparten prácticas reales y se construye un aprendizaje aplicado al contexto canario.
Más aún, la radio escolar como eje metodológico eleva la comunidad de aprendizaje a un ámbito participativo y activo. En una comunidad de aprendizaje, los roles de los docentes cambian, ya no solo son transmisores de contenidos, sino facilitadores, investigadores y mediadores de experiencias educativas reales. El artículo de la UNAM señala cómo las TIC permiten la comunicación bidireccional y la colaboración que derriba el modelo tradicional centrado en expertos aislados; este mismo principio guía nuestro proyecto, donde cada docente aporta, aprende y transforma su práctica a partir de sus experiencias de producción radiofónica.
Este enfoque tiene repercusiones significativas para el desarrollo profesional docente y el fortalecimiento del sistema educativo. Al activar una comunidad de aprendizaje con alcance en todo el archipiélago canario, se fomenta una cultura profesional colaborativa sostenible. La comunidad no solo aprende productos o habilidades técnicas, sino que produce significado pedagógico compartido, construye identidad colectiva y crea redes de apoyo profesional, elementos que constituyen una verdadera innovación educativa.
En conclusión, las comunidades de aprendizaje no son simplemente ambientes virtuales con tecnología, son estructuras sociales complejas donde la interacción, el propósito y la cooperación son el núcleo de la experiencia educativa. El proyecto de Cadena de Radios Escolares no solo pone en práctica esta visión, sino que la articula con una estrategia formativa que dialoga con las necesidades reales del profesorado y de la educación canaria en su conjunto. En este sentido, nuestro proyecto se convierte en una experiencia pionera que demuestra cómo la tecnología y la pedagogía dialógica pueden converger para transformar la educación desde adentro.
¿QUÉ ES EL AULA EJECUTIVA?
Es un aula en la que el alumnado participa semanalmente en sesiones organizadas por grupos, utilizando juegos de mesa y un espacio de simulación (supermercado) que favorecen el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. No es un tiempo de juego sino de aprendizaje utilizando distintos juegos.
JUEGOS:
En el siguiente enlace pueden ver los juegos que hemos seleccionado y con los que vamos a trabajar este segundo trimestre:
Los OBJETIVOS que nos planteamos son los siguientes:
Fomentar el trabajo en equipo y la cooperación.
Desarrollar la comunicación oral, la comprensión y la expresión.
Estimular el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas.
Reforzar contenidos curriculares de forma lúdica.
Aprender a desenvolverse en contextos cotidianos como una compra en el supermercado.
Los BENEFICIOS PARA EL ALUMNADO son los siguientes entre otros:
Mejora de la autonomía, la autoestima y la gestión emocional.
Refuerzo de aprendizajes curriculares de forma significativa.
Establecimiento de vínculos positivos entre compañeros/as.
Diversión, motivación y entusiasmo por aprender.
Preparación para situaciones cotidianas de la vida real.
A buen seguro que será un espacio que fomente el desarrollo competencial de nuestro alumnado. ¡A jugar y aprender!
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| Esteban G. Santana Cabrera |
Oír es un acto físico y casi automático. Los sonidos entran por nuestros oídos sin necesidad de esfuerzo. Escuchar, en cambio, es una acción consciente. Implica atención, interés, empatía y comprensión. Escuchar es detenerse, mirar al otro, dedicarle un tiempo y sobre todo atención. Y este aprendizaje no empieza en la escuela, empieza en casa.
Muchas familias, sin mala intención, han ido dejando de escuchar a sus hijos. Falta tiempo, sobra cansancio y abundan las pantallas. No siempre nos sentamos con ellos a preguntarles cómo les ha ido el día, qué sienten o qué les preocupa. A veces oímos sus palabras mientras hacemos otra cosa, pero no las procesamos. Poco a poco, los niños y adolescentes aprenden que no merece la pena hablar, que nadie escucha de verdad. Así se van haciendo cada vez más independientes del mundo exterior, pero no desde la madurez, sino desde el aislamiento emocional.
Recuerdo el testimonio de un alumno, hace años, que me contaba cómo se estaba sintiendo en plena adolescencia. Le pregunté que si no lo había hablado con su madre y me dijo que su madre llegaba del trabajo sobre las cinco y después de comer se sentaba en el sillón a ver la tele y que él le hablaba y apenas le hacía caso.
Esta falta de escucha se traslada inevitablemente a la escuela. ¿Escuchamos la lección o simplemente la oímos? Muchos alumnos están presentes físicamente, pero ausentes mentalmente. Oyen las explicaciones, pero no las interiorizan, porque escuchar requiere interés y conexión, algo que solo se desarrolla cuando uno ha sido escuchado antes. Del mismo modo, ¿escuchamos a nuestros mayores o solo los oímos? A menudo desechamos su experiencia, oímos sus palabras como ruido de fondo, sin valorar la sabiduría que transmiten aunque ya estén “chocheando”.
Incluso con las noticias ocurre lo mismo. Oímos titulares, pero no reflexionamos sobre ellos. No analizamos, no cuestionamos, no comprendemos. No valoramos si esa información o testimonio está manipulado o no dice toda la verdad. Todo pasa rápido, superficialmente, sin dejar huella. Esta manera de “oír sin escuchar” empobrece nuestro pensamiento crítico y nuestra capacidad de empatía.
La escucha activa es un valor en sí mismo. Escuchar implica respeto, paciencia, responsabilidad pero sobre todo empatía. Implica comprender al otro y, a veces, comprendernos a nosotros mismos. Cuando no escuchamos, vamos perdiendo valores fundamentales como el diálogo, la tolerancia, la solidaridad y el respeto. Sin escucha no hay verdadera educación, solo transmisión de información vacía.
Educar no es solo enseñar contenidos, es enseñar a escuchar. Y para ello debemos empezar por casa, sentándonos, preguntando, mirando a los ojos. Porque cuando un niño se siente escuchado, aprende a escuchar.
Fue un espacio de reflexión y, sobre todo, de práctica. Más allá de hablar sobre la radio en el aula, la vivimos. Comenzamos con varias prácticas de escucha activa. Analizamos distintos géneros radiofónicos para descubrir cómo la radio:
Desarrolla la competencia comunicativa.
Fomenta la capacidad crítica.
Mejora la atención y la escucha consciente.
Potencia la imaginación.
Trabaja la educación emocional a través de la voz y el sonido.
La escucha, a menudo olvidada en el aula, se convirtió en el eje central de la sesión.
Exploramos algunos géneros radiofónicos y sus posibilidades didácticas, pero nos centramos en la rueda de prensa y en la entrevista.
El objetivo era que los futuros docentes no solo conocieran los formatos, sino que los visualizaran como herramientas reales para trabajar contenidos curriculares en cualquier materia: Lengua, Historia, Ciencias, Idiomas o incluso Matemáticas.
Reflexionamos sobre cómo la radio escolar puede convertirse en un proyecto interdisciplinar que:
Favorece el aprendizaje competencial.
Integra tecnología de forma significativa.
Desarrolla el trabajo cooperativo.
Da voz al alumnado.
Conecta el centro educativo con su entorno.
La radio no es solo un medio de comunicación; es una metodología activa.
Uno de los aspectos más interesantes fue comprobar cómo el alumnado del Máster descubría que la radio no es una herramienta del pasado, sino un recurso plenamente vigente, especialmente en formato podcast.
Formar docentes que sepan comunicar, que trabajen la oralidad y que valoren el poder de la voz es clave en una educación que aspire a ser más humana, más crítica y más participativa.
Finalmente les pregunté qué habían aprendido y estas fueron sus respuestas:
¿Qué has aprendido de esta formación?
El poder de la radio
He aprendido distintas apps para poder usar la radio en el aula, entre otras cosas
Que la radio y el podcast son herramientas multidisciplinares.
He aprendido varios géneros radiofónicos, cómo implementarlos en el aula y diferentes maneras de introducir a los estudiantes en el discurso oral.
Cómo funciona una radio escolar y los beneficios que tiene para la asignatura que vamos a impartir.
Nuevas herramientas útiles tanto ahora como para el futuro.
Honestamente, yo no había tenido nunca en cuenta la utilidad que puede tener una radio dentro de un centro educativo, pero gracias a este taller, entra en mis planes utilizarlo en mi vida como docente.
Que llevar la radio al aula no es tan complicado como creía y que tiene muchísimo que aportar
Elaboración de programa de radio a través de diversos formatos
Sobre todo las app que nos valdrían para poner en práctica la radio/podcast.
Que la radio es una muy buena herramienta para la docencia
Que la radio es un medio muy práctico y divertido para desarrollar la creatividad, el trabajo en equipo y la competencia linguística, entre muchas otras.
Reflexionamos sobre la diversidad del alumnado, desmontamos mitos, compartimos dudas y, sobre todo, aprendimos estrategias prácticas para acompañar mejor a nuestro alumnado en el día a día del aula. Entender el TEA no es poner etiquetas, sino abrir la mirada a distintas formas de sentir, comunicarse y aprender.
Durante la visita, pudieron recorrer los distintos espacios del colegio y disfrutar de propuestas tan variadas como robótica, huerto escolar, radio, biblioteca, aula de comunicación, croma, ajedrez y el proyecto de Matemáticas. Cada rincón mostraba el trabajo, la ilusión y el compromiso de docentes y alumnado.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
No hace muchos años, nos encontrábamos una realidad muy distinta. Hubo un tiempo en el que la vida en el pueblo o en el barrio era un pilar fundamental del día a día. Los vecinos se ayudaban mutuamente para construir sus casas, reparar averías o afrontar tareas que requerían muchas manos. La solidaridad era espontanea, desde la cercanía y el conocimiento mutuo. Bastaba saber que alguien lo necesitaba para acudir en su ayuda.
Recuerdo, por ejemplo, a mi tío en la época de la recogida de papas. Durante esos días se reunía un rancho de gente para trabajar en el trozo de cercado que le dejaba Don Sixto Henríquez en los alrededores de Tamaraceite, cuando estábamos rodeados de grandes fincas de plataneras y de frutales. Al finalizar la cosecha, mi tío regalaba uno o dos sacos de papas a quienes habían colaborado, no como pago, sino como gesto de agradecimiento y apoyo para que tuvieran alimento durante meses. Y eso sí, todavía tengo el olor de aquellos pucheros con que les brindaban a mediodía para coger fuerzas y terminar con lo que quedaba. Nadie llevaba la cuenta exacta de lo que te daban, lo importante era ayudar al vecino y más tarde que pronto se presentaría otra ocasión para que fuera a la inversa.
Mi abuela, que era la partera, nunca cobró por asistir a una mujer en el alumbramiento. Siempre lo hacía de manera desinteresada. La gente le recompensaba con lo poco que podía ofrecer, una gallina, huevos, unas lechugas del cercado o lo que tuvieran a mano. Todo era agradecer al vecino su buena acción.
Hoy, en cambio, ese espíritu parece diluirse. Una de las posibles causas de este cambio puede encontrarse en los avances tecnológicos y, especialmente, en el auge de la televisión. La multiplicación de canales y la proliferación de “programas basura” han transformado la forma en que muchas personas ocupan su tiempo libre. Frente a la participación activa en la vida social, se impone el consumo pasivo de contenidos que entretienen, pero no enriquecen ni fomentan el pensamiento crítico, y lo que es peor, aislan.
Estos programas, diseñados para captar la atención de forma constante, “emboban” a la audiencia y la mantienen pegada a la pantalla durante horas. El resultado es un aislamiento progresivo, menos conversación, menos reflexión y menos implicación en lo que ocurre de la puerta para afuera de casa. Los días pasan, mientras la realidad del barrio o de la comunidad de vecinos se vuelve cada vez más lejana. Ya no conocemos ni a los vecinos del piso de abajo, cuanto menos los del edificio de enfrente.
Con esto, no trato de ir en contra de la tecnología ni de la televisión, que también ofrece herramientas valiosas para conectar y organizar a las personas, sino de cuestionar el uso que hacemos de ella. Tal vez sea el momento de recuperar parte de aquel espíritu solidario, de mirar más al vecino y menos a la pantalla, y de recordar que una sociedad no se construye desde el sillón, sino desde la participación, la empatía y el compromiso.
Por ello, creo que ahora más que nunca esta sociedad necesita de gente con valores, que se implique por ayudar y cooperar por un barrio mejor, por una ciudad mejor. Todavía estamos a tiempo.