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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
En contraste, los datos actuales según el artículo Adolescentes y consumo de drogas de Antonio Terán Prieto, Especialista en Psiquiatría y Adicciones muestran que el inicio del consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias ocurre mucho antes, alrededor de los 14-15 años, y no sólo ya no se oculta, sino que en muchos entornos sociales se percibe como algo “normal” o incluso esperado. Según la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES-2021), las sustancias más consumidas entre estudiantes de 14 a 18 años son: alcohol (70,5 %), tabaco (30,7 %) y cannabis (22,2 %). Esto refleja un patrón muy distinto al de generaciones anteriores, donde la exposición a estas sustancias era más tardía y menos generalizada.
Este cambio no puede explicarse exclusivamente por la disponibilidad, sino también, y a mi modo de ver, por una normalización social del consumo. El diagnóstico clínico sobre adolescentes subraya este mismo artículo que aunque muchos jóvenes reconocen los riesgos asociados al consumo de drogas, la realidad es que la percepción del riesgo no siempre se traduce en conductas de prevención efectivas. Esta ambivalencia entre conocimiento y comportamiento habla de un contexto social donde el consumo ha dejado de estar prohibido sólo en la teoría y ha entrado en la práctica cotidiana del ocio juvenil.
Comparado con generaciones anteriores, donde el beber con moderación estaba muchas veces ligado a ambientes familiares o rituales sociales, y donde no había tanta formación en los centros educativos sobre las consecuencias del uso del alcohol y las drogas y los medios de comunicación no tenían filtro para anunciar publicidad de tabaco o alcohol, ahora estos consumos comienzan en la adolescencia temprana y con frecuencia fuera de cualquier supervisión adulta. Esta tendencia no es exclusiva de España. Según informes internacionales, que baraja Terán Prieto en su artículo, señalan que el consumo de alcohol sigue siendo la principal sustancia probada en la adolescencia con más de la mitad de los jóvenes habiendo probado alcohol antes de los 16 años, y que productos como los cigarrillos electrónicos superan ya en popularidad al tabaco tradicional entre adolescentes de 15 años.
Ante esta realidad, es imprescindible que las alternativas no sean únicamente prohibitivas o restrictivas. Debemos darle una vuelta a cómo trabajar en los centros educativos la Educación emocional y habilidades sociales desde edades tempranas, que ayuden a los jóvenes a gestionar la presión de grupo y el estrés sin recurrir a sustancias. Pero si a esto no le unimos políticas públicas que limiten la accesibilidad real al alcohol y al tabaco, junto con campañas que trabajen la percepción de riesgo desde la experiencia y no sólo desde la teoría.
Finalmente, no debemos olvidar que detrás de cada cifra hay un joven con sueños, inquietudes y vulnerabilidades. Las adicciones no se combaten sólo con prohibiciones, sino desde la familia y la escuela, con comprensión, educación y oportunidades reales para construir vidas más saludables.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
La justificación municipal se apoya en un documento técnico que concluye que muchas de estas parcelas llevan más de 25 años calificadas como dotacionales sin haberse desarrollado y que, por tanto, las necesidades actuales estarían cubiertas. Además, argumentan que según el análisis demográfico incorporado al estudio, la implantación de nuevas viviendas no comprometería la calidad de vida del barrio. Detrás de este interés está el concejal de Planificación, Desarrollo Urbano y Vivienda, Mauricio Roque, que sostiene que la modificación permitiría promover nuevas promociones residenciales en Tamaraceite y ampliar el parque público de vivienda en coordinación con otras administraciones.
Pero la pregunta que nos hacemos muchos vecinos es evidente: ¿de verdad están cubiertas las necesidades de equipamientos en Tamaraceite? ¿Por qué Tamaraceite y no otros barrios?
El barrio ha experimentado en los últimos años un crecimiento urbanístico brutal. El desarrollo de Tamaraceite Sur, con capacidad prevista para cerca de 2.000 viviendas en el planeamiento vigente, ha supuesto una transformación profunda del entorno y ha incrementado la densidad residencial de forma significativa. Sin embargo, ese crecimiento no ha venido acompañado de infraestructuras educativas, sanitarias, culturales o administrativas.
¿Pero alguien se ha parado en realizar previsiones de futuro? La planificación urbana no puede basarse únicamente en la disponibilidad inmediata de suelo sin desarrollar. Las parcelas dotacionales existen precisamente para anticiparse a las necesidades futuras. Renunciar a ellas ahora puede significar hipotecar el desarrollo equilibrado del barrio durante décadas. Y lo estamos viviendo en nuestras propias carnes. ¿No han aprendido con lo que está ocurriendo con el tráfico en la zona?
Además, el argumento del Ayuntamiento de que un suelo no se haya ejecutado en 25 años no implica necesariamente que haya dejado de ser necesario. En muchos casos, lo que evidencia es la falta de inversión pública o la ausencia de una estrategia clara de desarrollo territorial sostenido en el tiempo. Convertir esa carencia en argumento para recalificar suelo puede resultar discutible. Porque en los últimos 30 años hemos visto que nuestros políticos han hecho lo que han querido, argumentando necesidades que en muchas ocasiones no existen.
Con esto no quiero decir que ampliar el parque público de vivienda no sea una prioridad indiscutible. Nadie lo cuestiona. La emergencia habitacional existe y requiere respuestas valientes. Pero la solución no puede consistir en concentrar aún más presión residencial en barrios que ya están soportando un crecimiento acelerado sin garantizar previamente los servicios que acompañan a ese aumento poblacional.
Tamaraceite ha demostrado ser uno de los principales polos de expansión urbana de la ciudad en los últimos años. Precisamente por eso necesita planificación a largo plazo, equilibrio territorial y diálogo con los vecinos antes de tomar decisiones que condicionarán su desarrollo futuro.
Porque la pregunta no es si hacen falta viviendas. Claro que hacen falta. La pregunta es si Tamaraceite puede seguir absorbiéndolas sin perder calidad de vida. Y la respuesta, cada vez más vecinos lo tenemos claro: Tamaraceite no puede más.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
La revista Educación 3.0 de este trimestre recoge como una de las experiencias prácticas, uno de nuestros proyectos radiofónicos, "Tertulia de Mujeres". Un programa que surge desde el área de Igualdad de nuestro centro y que ya va por su cuarta temporada, con el objetivo de darle voz a las mujeres de nuestro entorno, empoderarlas y prevenir la violencia de género.
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Debemos partir de que el lenguaje evoluciona con cada generación. Nosotros, en nuestra juventud, también empleábamos expresiones “diferentes”, aunque no nos acordemos. Nuestras expresiones no son las mismas que las de nuestros padres y menos si la comparamos con las de nuestros abuelos, sobre todo porque la sociedad no es la misma. Lo que nos parece extraño o incomprensible ahora como “fomo, cringe o wtf” es simplemente un reflejo de cómo los jóvenes actuales construyen su mundo y se comunican entre sí. Estas expresiones parecen “jergas” o modismos que a uno le cuesta entender, pero esconden un fenómeno lingüístico y social que se ha dado siempre, solo que hoy lo vemos de forma más acelerada y globalizada.
En lingüística, términos como estos forman parte del argot diario, variedades del lenguaje propias de un grupo social que sirven para comunicar significados concretos entre sus miembros y, al mismo tiempo, para marcar identidad y pertenencia. El argot no es algo únicamente moderno, siempre ha existido entre los jóvenes, en los jóvenes de los años ochenta con expresiones locales propias del barrio lo que ahora se ha intensificado gracias a los medios de comunicación y las redes sociales.
Las palabras que menciona mi hija no surgen por “capricho” o por deterioro del idioma. Tienen funciones claras: fomo (acrónimo de fear of missing out) resume una experiencia psicológica de ansiedad social en pocas sílabas; cringe permite etiquetar situaciones o comportamientos embarazosos en un contexto social digital; wtf es una forma de abreviar una reacción intensa. Este proceso de abreviación responde a necesidades de comunicación rápida, eficiente y compartida.
Las redes sociales no son “culpables” moralmente, pero sí funcionan como vehículos potentes de difusión y evolución lingüística. Antes, una expresión podía quedarse en un grupo o en un barrio. Hoy, con TikTok, Instagram o Youtube una palabra creada por un streamer en Estados Unidos puede «viajar» al mundo entero en cuestión de horas, y ser adoptada por adolescentes de Canarias, Buenos Aires o EEUU. Esta difusión global amplifica la velocidad de cambio lingüístico y hace que los términos se vuelvan obsoletos con más rapidez que en generaciones anteriores.
Lo que está claro es que detrás de estas expresiones hay fenómenos sociales, los jóvenes buscan marcar su identidad generacional, diferenciarse de los adultos y reforzar un sentido de grupo. Eso no es solo jugar con palabras, es crear un código compartido, una cultura simbólica que fortalece vínculos y permite expresarse en contextos que quizá las normas del lenguaje estándar no abarcan plenamente.
¿Influye la música? Sí, sobre todo cuando artistas populares integran estas expresiones en sus letras y así las consolidan en el uso cotidiano. Pero el motor principal sigue siendo la interacción social entre los jóvenes, cómo se reconocen, cómo se entienden y cómo construyen significados con sus iguales.
En definitiva, es importante ver estos cambios no como una “degradación” del castellano, sino como parte de su dinámica natural. El lenguaje es un organismo vivo que se adapta a la sociedad del momento, incorpora nuevas expresiones, transforma y crea una nueva forma de comunicar. Lo que hoy nos puede sonar extraño a los adultos, mañana, a buen seguro, estará integrado en el habla de todos.
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| Por Esteban Gabriel Santana Cabrera |
El X Encuentro De Palique volvió a reunir la radio pública, la radio comercial y la radio escolar. Pero, sobre todo, reunió a quienes verdaderamente dan sentido a este proyecto, al profesorado y al alumnado canario. Niños y niñas que, al sentarse frente a un micrófono, descubren semana tras semana que su voz también importa, que sus preguntas tienen valor y que lo que practican en sus centros educativos trasciende más allá de las paredes de sus centro educativos.
A lo largo de estos diez años, la radio escolar en Canarias ha ido abriendo caminos en muchos centros educativos. Lo que comenzó como una iniciativa innovadora en el CEP de Telde, se ha convertido en una forma diferente de aprender. Cuando la radio entra en la escuela no solo se trabaja la expresión oral o la competencia lingüística, también se aprende a escuchar, a investigar, a respetar turnos de palabra, a construir pensamiento crítico y a trabajar en equipo. La radio, casi sin darnos cuenta, transforma el aula en un pequeño laboratorio de comunicación y ciudadanía como decía uno de los invitados a este encuentro, José Manuel Llovet del Prado, que nos demostró cómo la radio es también una herramienta inclusiva..
Este décimo aniversario ha tenido además un significado especial. Como novedad, el encuentro estuvo precedido por unas jornadas formativas que permitieron escuchar experiencias inspiradoras llegadas desde distintos puntos del país. Docentes de la Península como José Manuel Llovet, Marián San Victoriano o Emilio Plazas y de Canarias Ruth María Torres, compartieron cómo la radio puede convertirse en una herramienta educativa capaz de trabajar las emociones, fomentar la inclusión y construir comunidad dentro y fuera de la escuela.
Entre esas voces invitadas destacó la presencia de Jimeno, periodista de Cadena 100, conocido por su sección “Los niños y Jimeno” en la que los niños son protagonistas de la radio cada mañana. Su participación fue bestial y nos trasladó lo que durante años ha demostrado, que la espontaneidad, la creatividad y la mirada de la infancia pueden llenar las ondas de autenticidad. Los niños canarios pudieron ser protagonistas de su programa y pudimos comprobar cómo sus programas no son meras entrevistas o preguntas a los niños, sino que hay una conexión especial entre él y los más pequeños que hace que la radio se convierta en mágica.
Por unas horas, la Calle Triana se transformó en un gran estudio de radio al aire libre. Un espacio donde la educación, la comunicación y la emoción se encontraron en la misma frecuencia. No importaba de dónde viniera cada emisora, ni cada centro educativo, lo importante era el mensaje compartido por todos los asistentes, la radio sigue siendo un medio capaz de emocionar y de educar.
Quizá porque, la radio sigue conservando algo esencial, el poder de la palabra. Una palabra que, cuando nace en la escuela, tiene la capacidad de sembrar curiosidad, despertar vocaciones y construir ciudadanos críticos e informados. Y eso lo pudimos vivir en este Encuentro de Radios Escolares de Canarias que nos permitió, una vez más, el evento De palique. Y cuando esa palabra pertenece a los más pequeños, la radio no solo se escucha, deja huella tanto en el alumnado como en el profesorado.