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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Tamaraceite lleva años creciendo.
Creciendo en población, en promociones de vivienda, en tráfico, en
presión sobre los servicios públicos y en incertidumbre sobre su
futuro. Lo que no ha crecido al mismo ritmo son los equipamientos,
las infraestructuras y la planificación equilibrada que necesita
cualquier barrio que aspira a ser habitable. Pero lo que enciende
todas las alarmas de los vecinos es que el Ayuntamiento de Las Palmas
de Gran Canaria viene ahora con “estudios” para convencernos del
cambio de uso de parcelas previstas para equipamientos educativos y
administrativos para destinarlas a vivienda.
La justificación municipal se apoya en un documento técnico que
concluye que muchas de estas parcelas llevan más de 25 años
calificadas como dotacionales sin haberse desarrollado y que, por
tanto, las necesidades actuales estarían cubiertas. Además,
argumentan que según el análisis demográfico incorporado al
estudio, la implantación de nuevas viviendas no comprometería la
calidad de vida del barrio. Detrás de este interés está el
concejal de Planificación, Desarrollo Urbano y Vivienda, Mauricio
Roque, que sostiene que la modificación permitiría promover nuevas
promociones residenciales en Tamaraceite y ampliar el parque público
de vivienda en coordinación con otras administraciones.
Pero la pregunta que nos hacemos muchos vecinos es evidente: ¿de
verdad están cubiertas las necesidades de equipamientos en
Tamaraceite? ¿Por qué Tamaraceite y no otros barrios?
El barrio ha experimentado en los últimos años un crecimiento
urbanístico brutal. El desarrollo de Tamaraceite Sur, con capacidad
prevista para cerca de 2.000 viviendas en el planeamiento vigente, ha
supuesto una transformación profunda del entorno y ha incrementado
la densidad residencial de forma significativa. Sin embargo, ese
crecimiento no ha venido acompañado de infraestructuras educativas,
sanitarias, culturales o administrativas.
¿Pero alguien se ha parado en realizar previsiones de futuro? La
planificación urbana no puede basarse únicamente en la
disponibilidad inmediata de suelo sin desarrollar. Las parcelas
dotacionales existen precisamente para anticiparse a las necesidades
futuras. Renunciar a ellas ahora puede significar hipotecar el
desarrollo equilibrado del barrio durante décadas. Y lo estamos
viviendo en nuestras propias carnes. ¿No han aprendido con lo que
está ocurriendo con el tráfico en la zona?
Además, el argumento del Ayuntamiento de que un suelo no se haya
ejecutado en 25 años no implica necesariamente que haya dejado de
ser necesario. En muchos casos, lo que evidencia es la falta de
inversión pública o la ausencia de una estrategia clara de
desarrollo territorial sostenido en el tiempo. Convertir esa carencia
en argumento para recalificar suelo puede resultar discutible. Porque
en los últimos 30 años hemos visto que nuestros políticos han
hecho lo que han querido, argumentando necesidades que en muchas
ocasiones no existen.
Con esto no quiero decir que ampliar el parque público de
vivienda no sea una prioridad indiscutible. Nadie lo cuestiona. La
emergencia habitacional existe y requiere respuestas valientes. Pero
la solución no puede consistir en concentrar aún más presión
residencial en barrios que ya están soportando un crecimiento
acelerado sin garantizar previamente los servicios que acompañan a
ese aumento poblacional.
Un barrio no se mide solo en número de viviendas. Se mide en
colegios, centros de salud, transporte público, zonas deportivas,
espacios culturales y servicios administrativos cercanos. Se mide en
calidad de vida. Tamaraceite no solo es un suelo vacío disponible
para urbanizar sin consecuencias. Es un barrio histórico con
identidad propia, con un paisaje agrícola tradicional y con una
relación directa con espacios naturales de alto valor ecológico. La
presión urbanística ya ha transformado profundamente su entorno, y
uno de los ejemplos más evidentes es la afección al ámbito de Las
Charcas de San Lorenzo, dentro del Paisaje Protegido de Pino Santo, y
que está sufriendo atentados día sí y día también y los
políticos mirando para otro lado.
Estos estanques
históricos, vinculados al sistema tradicional de aprovechamiento del
agua en la zona, forman parte del patrimonio hidráulico y ambiental
del territorio. Sin embargo, parte de ese entorno ha quedado
sepultado bajo desarrollos comerciales recientes. Cada metro cuadrado
que desaparece no es solo suelo, es memoria, paisaje y equilibrio
ecológico.
Tamaraceite ha demostrado ser uno de los principales polos de
expansión urbana de la ciudad en los últimos años. Precisamente
por eso necesita planificación a largo plazo, equilibrio territorial
y diálogo con los vecinos antes de tomar decisiones que
condicionarán su desarrollo futuro.
Porque la pregunta no es si hacen falta viviendas. Claro que hacen
falta. La pregunta es si Tamaraceite puede seguir absorbiéndolas sin
perder calidad de vida. Y la respuesta, cada vez más vecinos lo
tenemos claro: Tamaraceite no puede más.
La Provincia