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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
El
final de curso supone una oportunidad para detenernos unos instantes,
mirar hacia atrás y valorar todo lo vivido. Han sido meses de
trabajo, de ilusiones, de retos, de aprendizajes y también de
dificultades que, entre todos, hemos ido superando. Cuando las aulas
comienzan a vaciarse y el ritmo frenético del día a día escolar se
ralentiza, llega el momento de agradecer.
En ocasiones,
cuando pensamos en la educación, centramos nuestra mirada en aquello
que ocurre dentro de las aulas. Sin embargo, detrás de cada
proyecto, de cada actividad y de cada servicio que permite que un
centro educativo funcione existen muchas personas trabajando, muchas
veces de manera silenciosa, para que todo marche lo mejor
posible.
Por ello, mi primer agradecimiento quiere
dirigirse a la Administración educativa. Como cualquier organización
humana, acierta unas veces más y otras menos. Es legítimo
discrepar, plantear propuestas de mejora o expresar nuestras
inquietudes. Pero también es justo reconocer que detrás de cada
resolución, de cada servicio y de cada gestión hay personas
comprometidas, muchos de ellos compañeros y compañeras que dedican
su esfuerzo diario a intentar que nuestro sistema educativo funcione
cada vez mejor. A todos ellos, gracias por su trabajo y por su
dedicación.
Quiero extender también este reconocimiento
a los Centros de Profesores. Su labor va mucho más allá de la
formación. Son referentes, guías y acompañantes en el camino
pedagógico. Nos ayudan a crecer profesionalmente, a descubrir nuevas
herramientas, a reflexionar sobre nuestra práctica docente y a
afrontar los cambios que la educación demanda constantemente. Saber
que contamos con su apoyo es una garantía para seguir avanzando.
No
podemos dejar atrás a Inspección Educativa, un servicio de apoyo a
la escuela que está, y esa ha sido mi experiencia en los últimos
años, para las duras y para las maduras, aportándonos a los
docentes y a los equipos directivos, sobre todo tranquilidad.
Del
mismo modo, resulta imprescindible agradecer la labor del Servicio de
Educación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. A menudo
damos por sentado aspectos tan esenciales como el mantenimiento de
los centros, la limpieza de los espacios o la resolución de
incidencias que afectan al funcionamiento diario de nuestros centros.
Sin embargo, detrás de todo ello existe un equipo humano que trabaja
para que nuestros colegios sean lugares seguros, cuidados y adecuados
para el aprendizaje. Su contribución es fundamental y merece ser
reconocida.
Por supuesto, este agradecimiento no estaría
completo sin mencionar al profesorado, a las familias y al alumnado.
Los docentes continúan siendo el motor que impulsa la vida de los
centros educativos, aportando profesionalidad, vocación y
compromiso. Las familias son aliadas imprescindibles en la educación
de sus hijos e hijas, acompañando, apoyando y confiando en la
escuela. Y el alumnado, auténtico protagonista de todo cuanto
hacemos, nos recuerda cada día el verdadero sentido de nuestra
labor. Disculpen si en algún momento nos hemos equivocado, pero
nuestro interés siempre ha sido mejorar el sistema educativo.
Ahora
llega el verano. Un tiempo necesario para descansar, para desconectar
de horarios y rutinas, para compartir momentos con nuestras familias
y para dedicarnos a aquello que durante el curso muchas veces dejamos
en un segundo plano. El descanso no es un lujo, es una necesidad. Es
el momento de resetear, de recuperar energías y de permitir que la
mente y el corazón encuentren nuevamente el equilibrio.
Que
estas vacaciones nos permitan regresar en septiembre con ilusión
renovada, con nuevas ideas y con la fuerza necesaria para seguir
construyendo juntos una educación cada vez mejor. Porque educar es
una tarea colectiva y porque cada persona que forma parte de este
camino merece nuestro reconocimiento.
Feliz verano a
todos.