domingo, 28 de junio de 2026

Final de curso, cerramos una etapa, renovamos la ilusión

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

El final de curso supone una oportunidad para detenernos unos instantes, mirar hacia atrás y valorar todo lo vivido. Han sido meses de trabajo, de ilusiones, de retos, de aprendizajes y también de dificultades que, entre todos, hemos ido superando. Cuando las aulas comienzan a vaciarse y el ritmo frenético del día a día escolar se ralentiza, llega el momento de agradecer.

En ocasiones, cuando pensamos en la educación, centramos nuestra mirada en aquello que ocurre dentro de las aulas. Sin embargo, detrás de cada proyecto, de cada actividad y de cada servicio que permite que un centro educativo funcione existen muchas personas trabajando, muchas veces de manera silenciosa, para que todo marche lo mejor posible.

Por ello, mi primer agradecimiento quiere dirigirse a la Administración educativa. Como cualquier organización humana, acierta unas veces más y otras menos. Es legítimo discrepar, plantear propuestas de mejora o expresar nuestras inquietudes. Pero también es justo reconocer que detrás de cada resolución, de cada servicio y de cada gestión hay personas comprometidas, muchos de ellos compañeros y compañeras que dedican su esfuerzo diario a intentar que nuestro sistema educativo funcione cada vez mejor. A todos ellos, gracias por su trabajo y por su dedicación.

Quiero extender también este reconocimiento a los Centros de Profesores. Su labor va mucho más allá de la formación. Son referentes, guías y acompañantes en el camino pedagógico. Nos ayudan a crecer profesionalmente, a descubrir nuevas herramientas, a reflexionar sobre nuestra práctica docente y a afrontar los cambios que la educación demanda constantemente. Saber que contamos con su apoyo es una garantía para seguir avanzando.

No podemos dejar atrás a Inspección Educativa, un servicio de apoyo a la escuela que está, y esa ha sido mi experiencia en los últimos años, para las duras y para las maduras, aportándonos a los docentes y a los equipos directivos, sobre todo tranquilidad.

Del mismo modo, resulta imprescindible agradecer la labor del Servicio de Educación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. A menudo damos por sentado aspectos tan esenciales como el mantenimiento de los centros, la limpieza de los espacios o la resolución de incidencias que afectan al funcionamiento diario de nuestros centros. Sin embargo, detrás de todo ello existe un equipo humano que trabaja para que nuestros colegios sean lugares seguros, cuidados y adecuados para el aprendizaje. Su contribución es fundamental y merece ser reconocida.

Por supuesto, este agradecimiento no estaría completo sin mencionar al profesorado, a las familias y al alumnado. Los docentes continúan siendo el motor que impulsa la vida de los centros educativos, aportando profesionalidad, vocación y compromiso. Las familias son aliadas imprescindibles en la educación de sus hijos e hijas, acompañando, apoyando y confiando en la escuela. Y el alumnado, auténtico protagonista de todo cuanto hacemos, nos recuerda cada día el verdadero sentido de nuestra labor. Disculpen si en algún momento nos hemos equivocado, pero nuestro interés siempre ha sido mejorar el sistema educativo.

Ahora llega el verano. Un tiempo necesario para descansar, para desconectar de horarios y rutinas, para compartir momentos con nuestras familias y para dedicarnos a aquello que durante el curso muchas veces dejamos en un segundo plano. El descanso no es un lujo, es una necesidad. Es el momento de resetear, de recuperar energías y de permitir que la mente y el corazón encuentren nuevamente el equilibrio.

Que estas vacaciones nos permitan regresar en septiembre con ilusión renovada, con nuevas ideas y con la fuerza necesaria para seguir construyendo juntos una educación cada vez mejor. Porque educar es una tarea colectiva y porque cada persona que forma parte de este camino merece nuestro reconocimiento.

Feliz verano a todos.

miércoles, 24 de junio de 2026

Conocemos la prensa escrita

 Durante las últimas semanas de curso , desde el área de Lengua, el alumnado de sexto de Primaria del CEIP Los Giles se convirtió en protagonista de un apasionante proyecto sobre la prensa escrita, en el que tuvo la oportunidad de convertirse en auténticos periodistas.


A lo largo del proyecto, los niños y niñas descubrieron cómo se organiza un periódico, conocieron sus diferentes secciones y aprendieron a redactar noticias, entrevistas y artículos de opinión. Además, desarrollaron habilidades relacionadas con la búsqueda y selección de información, la expresión escrita, el pensamiento crítico y el trabajo cooperativo. Este trabajo fue más sencillo para ellos ya que trabajan habitualmente con la radio como herramienta educativa.

A continuación pueden conocer más sobre el proyecto: https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2026/06/16/nos-convertimos-en-periodistas/

domingo, 21 de junio de 2026

Sra. Ministra, ¿estamos seleccionando a los mejores docentes o a los mejores opositores?

Por Esteban G. Santana Cabrera 
«La educación consiste en encender una llama, no en llenar un recipiente» Esta frase de un filósofo griego, me viene al pelo para hablar sobre el proceso de selección de docentes que ha comenzado este fin de semana en Canarias y en otras comunidades españolas, las oposiciones al cuerpo de maestros y profesores. Como tantos compañeros y compañeras, las afronto con respeto y con la convicción de que el acceso a la función pública debe regirse por los principios de igualdad, mérito y capacidad. Sin embargo, desde hace tiempo me acompaña una reflexión: ¿es este el mejor sistema para seleccionar a quienes tendrán la responsabilidad de educar a las futuras generaciones?

No trato de cuestionar el esfuerzo, la dedicación ni el mérito de quienes logran superar estas pruebas. Preparar una oposición exige sacrificio, disciplina y una sólida formación. Pero me pregunto si una profesión tan compleja como la docencia puede quedar valorada, principalmente, por la capacidad para desarrollar un tema y exponer una situación de aprendizaje en un momento concreto.

La enseñanza es algo más que una prueba escrita o una exposición oral. En las aulas, los docentes nos enfrentamos diariamente a problemas que requieren competencias difíciles de medir en unas pocas horas. La empatía para comprender las necesidades del alumnado, la capacidad de motivar y despertar la curiosidad, la gestión de conflictos, la atención a la diversidad, la colaboración con las familias y con el resto del equipo educativo o la disposición para seguir aprendiendo y adaptarse a una sociedad cambiante son aspectos esenciales del desempeño docente.

Por ello, deberíamos preguntarnos si el sistema actual es suficiente para identificar a los mejores profesionales. Quizá sería conveniente complementarlo con mecanismos que permitieran valorar de forma más integral la práctica educativa como períodos de prácticas más amplios y evaluables, observación en contextos reales, trabajo colaborativo o la capacidad para establecer relaciones humanas y generar entornos de aprendizaje significativos.

Con esto no estoy haciendo una crítica a las oposiciones en sí mismas, sino una invitación a reflexionar sobre si aquello que evaluamos coincide realmente con aquello que después exigimos a un docente en su día a día. Porque enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino acompañar, orientar y contribuir al desarrollo de personas.

Si, como afirmaba el filósofo, educar es «encender una llama» y no simplemente «llenar un recipiente», quizá deberíamos darle una vuelta a todo esto y poder estudiar sistemas de acceso de otros países y, juntos, docentes, administración, sindicatos y familias, llegar a un marco común que pueda acercarse más al perfil que necesitamos en las escuelas del Siglo XXI.
La docencia es una profesión en la que no basta con saber, hay que saber enseñar, saber acompañar y saber seguir aprendiendo. Porque si educar es encender una llama, y requiere el ejemplo y la práctica, tal vez convenga preguntarnos si un proceso selectivo basado casi exclusivamente en la exposición de conocimientos es suficiente para descubrir a quienes están llamados a desempeñar una de las tareas más trascendentes de cualquier sociedad. Ahí lo dejo.







sábado, 13 de junio de 2026

León XIV el papa de la dignidad

Por Esteban G. Santana Cabrera 
He tenido la oportunidad de vivir de cerca la visita del papa León XIV a Canarias, tanto en Gran Canaria como en Tenerife, después de haber recorrido Madrid y Barcelona. Han sido jornadas intensas, cargadas de simbolismo, emoción y también de reflexión. Sin embargo, si tuviera que resumir en pocas palabras lo que me llevo de esta visita, diría que no ha sido un viaje dirigido únicamente a los católicos. Ha sido una visita para todos los españoles y, de manera muy especial, para todos los canarios.
A menudo tendemos a interpretar los viajes papales desde una perspectiva exclusivamente religiosa. Sin embargo, lo que he percibido durante estos días ha sido algo que va más allá. León XIV ha querido hablar a toda la sociedad, creyente o no creyente, recordándonos valores que forman parte del patrimonio común de nuestra convivencia: la dignidad de la persona, la solidaridad, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida en la construcción de un futuro mejor.
Llevamos un tiempo en España marcado por las tensiones políticas, los enfrentamientos ideológicos y una creciente polarización social, el mensaje que más ha resonado en sus intervenciones ha sido una invitación constante a la unión. No a la uniformidad, sino a la capacidad de encontrarnos en aquello que nos une por encima de nuestras diferencias. Como cristianos, y también como ciudadanos, estamos llamados a construir puentes y no muros, a escuchar antes que descalificar, a dialogar antes que enfrentarnos.
Quizá por eso sus palabras han encontrado eco más allá de la propia Iglesia. Porque apelan a una necesidad humana, la de reconocernos unos a otros como miembros de una misma nación. Frente a la cultura del enfrentamiento, León XIV ha propuesto la cultura del encuentro. Frente a la sospecha, la confianza. Frente a la división, la cooperación.
Este mensaje ha encontrado un escenario especialmente significativo en Canarias. Nuestra tierra conoce bien el valor de la acogida. A lo largo de la historia, las islas han sido punto de encuentro entre continentes, culturas y pueblos. Hoy siguen siendo una de las principales puertas de entrada a Europa para miles de personas que abandonan sus hogares impulsadas por la pobreza, la violencia o simplemente por el deseo legítimo de encontrar una vida mejor.
Durante estos días, el Papa ha querido mirar también hacia esa realidad. En cada patera que llega a nuestras costas hay historias de sufrimiento, esperanza y valentía. Historias que no se quedan en simples cifras ni titulares de prensa. Canarias ha demostrado, una vez más, una extraordinaria capacidad de acogida y solidaridad, aunque no exenta de dificultades y desafíos.
Por ello merece un reconocimiento especial la labor de organizaciones como Cáritas y Cruz Roja, junto a tantas otras entidades y voluntarios anónimos. Su trabajo cotidiano recuerda que la solidaridad es un compromiso concreto con quienes más lo necesitan. Gracias a su dedicación, miles de personas encuentran una primera mano tendida cuando más vulnerables se sienten.
Al finalizar esta visita, me queda la emoción intensa de lo vivido, pero la sensación de que León XIV no ha venido únicamente a confirmar la fe de los creyentes. Ha venido a recordarnos algo esencial para toda la sociedad: que el futuro no se construye desde la confrontación, sino desde la colaboración; no desde el miedo al otro, sino desde el reconocimiento de su dignidad.



lunes, 8 de junio de 2026

¡Bienvenido Papa León!

Por Esteban G. Santana Cabrera  

Los canarios vivimos estos días con una emoción difícil de describir. La anunciada visita del papa León XIV a nuestra tierra  es un acontecimiento institucional y mediático nunca vivido en Canarias. Para quienes vivimos la fe católica, la llegada del sucesor de Pedro representa la visita del pastor que viene a encontrarse con su pueblo, a confirmar nuestra fe y a recordarnos, con su presencia, que formamos parte de una Iglesia universal que no conoce fronteras.

Canarias ha sido históricamente una tierra de emigrantes. Durante generaciones, miles de isleños tuvieron que dejar atrás sus hogares para buscar oportunidades en América, en Europa o en cualquier rincón donde pudieran construir un futuro mejor para sus familias. Muchos de nuestros abuelos y bisabuelos conocieron el desarraigo, la incertidumbre y la esperanza que acompañan a quien abandona su tierra en busca de una vida mejor.

Es por eso que los canarios entendemos especialmente bien el drama de quienes hoy llegan a nuestras costas. En las últimas décadas, nuestro archipiélago se ha convertido en puerta de entrada para miles de personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza extrema o la falta de oportunidades. Son hombres, mujeres y niños que, como tantos canarios en el pasado, emprenden un viaje incierto impulsados por el deseo legítimo de encontrar una vida mejor.

Ante esta realidad, los cristianos no podemos permanecer indiferentes. El Evangelio nos interpela de manera directa. Jesús nos recuerda: “Fui forastero y me acogistes” (Mt 25,35). Y añade unas palabras que deberían resonar constantemente en nuestra conciencia: “Todo lo que hicieras a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicistes” (Mt 25,40).

Estas palabras resuenan en nuestros oídos cada vez que se anuncia la llegada de una patera a las islas después de días en alta mar. Acoger al inmigrante, proteger al vulnerable y reconocer la dignidad de toda persona forman parte inseparable de nuestra fe. No es una cuestión ideológica ni política, sino profundamente evangélica.

Por supuesto, la acogida debe ir acompañada de responsabilidad, integración y respeto mutuo. Los canarios tenemos la obligación moral de tender la mano a quien llega buscando una vida mejor, dispuesto a trabajar, a contribuir y a construir un futuro en paz. Acoger no significa fomentar la dependencia ni promover una cultura de la facilidad, sino ofrecer oportunidades a quienes desean convivir con nosotros con esfuerzo y dignidad.

La visita de León XIV llega precisamente en un momento en el que Canarias se encuentra en el centro de uno de los grandes desafíos humanitarios de nuestro tiempo. Su presencia entre nosotros puede ayudarnos a mirar esta realidad con los ojos del Evangelio, alejándonos tanto de la indiferencia como de la confrontación. El Papa viene a recordarnos que las personas que llegan buscando un mundo mejor no son meramente cifras, hay un rostro, una historia y una persona.

Como católico, espero esta visita con gratitud y esperanza. Gratitud porque el Santo Padre ha puesto su mirada sobre nuestra tierra, como la puso su antecesor el Papa Francisco. Esperanza porque sus palabras pueden fortalecer nuestra identidad cristiana y nuestro compromiso con quienes más sufren.

Que la llegada de León XIV nos ayude a redescubrir la solidaridad del pueblo canario que un día emigró y que hoy está llamado a acoger. Porque, abrir nuestras fronteras al necesitado, es abrir la puerta al propio Jesús.

InfoNorte

TeldeActualidad


lunes, 1 de junio de 2026

Menos propaganda verde y más protección ambiental

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, que cada año se celebra en los primeros días de junio bajo el impulso de la Organización de las Naciones Unidas, debemos pensar realmente qué significa cuidar el medio ambiente. Muchas veces hablamos de sostenibilidad, de biodiversidad o de reverdecer las ciudades como titulares que en los medios de comunicación o para los políticos queda muy bien. Pero ¿cómo podemos cuidar lo que desconocemos si no somos capaces siquiera de proteger el entorno que vemos cada día desde nuestras ventanas?

La defensa del medio ambiente empieza en lo cercano. Empieza en nuestro barrio, en nuestras plazas, en los parques donde juegan nuestros hijos, en los barrancos que forman parte de nuestra memoria colectiva y en esos espacios naturales que todavía sobreviven rodeados por el crecimiento urbano. No podemos pretender salvar el planeta mientras permanecemos indiferentes ante la degradación de nuestro propio entorno.

En el distrito de Tamaraceite-San Lorenzo-Tenoya existe un ejemplo claro de esa lucha, la defensa de las Las Charcas de San Lorenzo. Un espacio con enorme valor ambiental, paisajístico y social que es más que un enclave natural. Las Charcas son memoria histórica, patrimonio, biodiversidad y equilibrio ecológico. Es uno de los pocos pulmones naturales que aún resisten la presión urbanística y el abandono institucional.

Sin embargo, mientras muchos vecinos y colectivos ciudadanos reclamamos su protección y conservación, seguimos asistiendo a políticas que confunden el verdadero significado de “reverdecer”. Hoy parece que reverdecer consiste en intervenir artificialmente espacios que ya eran naturales, colocando infraestructuras, piedras o elementos ornamentales para vender una imagen de modernidad ecológica. Pero reverdecer no debería ser eso.

El reciente proyecto del lagartario en el barranco de Tamaraceite es un ejemplo de esa contradicción. Se presenta como una actuación para favorecer la biodiversidad cuando, en realidad, el lagarto gigante de Tamaraceite ya habitaba ese entorno mucho antes de cualquier intervención humana. El barranco ya tenía vida. Ya era naturaleza. Y quizá la mejor manera de protegerlo habría sido precisamente dejarlo respirar, conservar su equilibrio y actuar con sensibilidad ambiental, no transformarlo para aparentar una renaturalización que el propio entorno ya poseía.

Además, resulta deberíamos preguntarnos si determinadas actuaciones han tenido en cuenta los riesgos reales del barranco. Si ha habido una evaluación del impacto ambiental de la colocación de estas piedras en el barranco. La colocación de piedras y estructuras en cauces naturales puede generar consecuencias peligrosas si aumenta el caudal en episodios de lluvias intensas, provocando arrastres y posibles colapsos que terminarían afectando a la ciudadanía. La naturaleza tiene su propia dinámica y muchas veces el problema no es la falta de intervención, sino el exceso de ella.

Por eso, en este Día Mundial del Medio Ambiente, debemos reivindicar otra manera de entender la sostenibilidad. Reverdecer no es maquillar espacios naturales ya existentes para convertirlos en escaparates políticos. Reverdecer es crear vida donde no la hay; es apostar por más árboles en zonas urbanas, por parques accesibles, por sombra, por aire limpio y por corredores ecológicos que mejoren la calidad de vida de las personas. Y hablando de Tamaraceite, todavía estamos esperando por el Corredor Verde que iba a separar el casco antiguo de la zona comercial y cuyos terrenos a buen seguro serán recalificados para la construcción de viviendas o aparcamientos, dejando en saco roto la única compensación prometida a los vecinos cuando comenzaba Tamaraceite Sur.

Y, sobre todo, reverdecer es proteger aquello que aún conservamos. En este Día del Medio Ambiente no nos olvidemos de Las Charcas de San Lorenzo, uno de los grandes pulmones medioambientales del distrito, un espacio protegido que cada día sufre atentados ecológicos y vertidos incontrolados. Recordemos que solo cuando aprendemos a respetar lo cercano somos verdaderamente capaces de comprender y defender el planeta.

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