martes, 30 de septiembre de 2025

El juego en la escuela: un camino imprescindible hacia el aprendizaje

Por Esteban G. Santana Cabrera  

"Los niños y niñas no juegan para aprender, pero aprenden porque juegan". Esta frase de Piaget, padre de la teoría del desarrollo cognitivo, nos habla del juego como lenguaje natural con el que los niños y niñas se comunican, exploran el mundo y construyen sus primeras experiencias de aprendizaje. Desde la psicología evolutiva hasta la pedagogía contemporánea, se ha insistido en que el juego no es únicamente una actividad recreativa, sino un proceso educativo muy importante.


Diversos estudios coinciden en que, a través del juego, los más pequeños desarrollan habilidades cognitivas, sociales y emocionales que serán determinantes en su futuro escolar. Tal como se señala en una investigación de la Universidad de Jaén, el juego en edades tempranas “favorece la motivación y la adquisición de vocabulario”, especialmente en el aprendizaje de lenguas extranjeras, demostrando que jugar no es tiempo perdido, sino un entorno idóneo para aprender de manera significativa.

Además, experiencias pedagógicas como las recogidas en muchos proyectos de innovación que he estado siguiendo en los últimos años, destacan que los juegos simbólicos, dramáticos o al aire libre no sólo estimulan la imaginación, sino que permiten al alumnado socializar, asumir roles, resolver conflictos y ganar autonomía personal.

Esta visión no es ajena a la normativa educativa. El currículo afirma que “el juego es fuente de aprendizaje porque estimula la acción, la reflexión y la expresión”. Añade además que a través del juego se agudizan capacidades como la atención, la memoria y el ingenio, que luego se transfieren a contextos no lúdicos. El propio currículo de Canarias lo sitúa en el centro del desarrollo integral, junto a principios como la atención a la diversidad, la colaboración con las familias y la continuidad educativa entre etapas.

En este contexto se sitúa el proyecto de Aula Ejecutiva del CEIP Miguel de Cervantes de Mejorada del Campo en Madrid. Esta iniciativa apuesta por llevar el juego más allá de la etapa de Infantil, convirtiéndolo en una estrategia didáctica también en Primaria. Con ello, se garantiza la coherencia metodológica que pide el currículo y se potencia la adquisición de competencias clave como la creatividad, la comunicación, el trabajo en equipo o la resolución de problemas.


En los últimos años también ha cobrado relevancia el uso de los videojuegos con fines educativos, siempre que se integren de forma guiada y con una intencionalidad pedagógica clara. Lejos de ser solo entretenimiento, los videojuegos bien seleccionados pueden fomentar la toma de decisiones, la creatividad, el pensamiento crítico y el trabajo colaborativo. Además, resultan especialmente motivadores para el alumnado, que se reconoce en un entorno tecnológico cercano a su vida cotidiana. De este modo, se convierten en un recurso complementario para potenciar aprendizajes significativos en el aula y para educar en el uso responsable de los videojuegos.

El desafío no está en demostrar que el juego es útil, porque tanto la investigación como la normativa lo avalan. El verdadero reto es garantizar su espacio real en las aulas: equilibrar el juego libre con propuestas dirigidas, dotar al profesorado de formación específica en metodologías lúdicas y diseñar evaluaciones que valoren no solo los contenidos, sino también las competencias sociales, emocionales y creativas que emergen en las dinámicas de juego.

El juego es, en definitiva, el motor natural del aprendizaje en los más pequeños. Constituye un derecho, una necesidad y una herramienta pedagógica insustituible. Apostar por el juego en los centros educativos no es “añadir diversión” al currículo, sino reconocer que los aprendizajes más profundos y duraderos se construyen en contextos motivadores y afectivos. El currículo de Canarias lo respalda, la investigación lo confirma y la práctica docente lo demuestra, como es el caso de nuestros colegas de Madrid. Si aspiramos a una escuela que forme ciudadanos creativos, críticos y felices, debemos asumir que el juego no es un complemento, sino la esencia misma de educar. Por ello no olvidemos las palabras de María Montessori: “El juego es el trabajo de los niños”.

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lunes, 22 de septiembre de 2025

La clase invertida, IA y radio escolar

Por Esteban G. Santana Cabrera  

 Hace ya varios años que en mi aula trabajo con la metodología flipped classroom o “clase invertida”, un enfoque que pone al alumnado en el centro del aprendizaje y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una herramienta pedagógica muy poderosa. Esta metodología consiste, esencialmente, en invertir el orden tradicional: los contenidos teóricos se trabajan en casa (mediante vídeos, lecturas o presentaciones interactivas), y el tiempo de clase se dedica a resolver dudas, hacer actividades prácticas, realizar proyectos, colaborar, debatir y aplicar lo aprendido.

En mi caso, uso Google Classroom como plataforma de referencia (aunque perfectamente podría ser EVAGD u otras), desde donde el alumnado accede a los materiales que deben trabajar previamente. Esto les permite llegar al aula con un conocimiento básico del tema, lo que facilita que podamos aprovechar mucho mejor el tiempo presencial.

Un ejemplo claro de esta metodología lo encontramos en uno de los proyectos del curso: la radio escolar como herramienta de debate. A través del aula virtual, les lanzo una pregunta o tema de actualidad que divide opiniones (por ejemplo: ¿Deberían prohibirse los móviles en las escuelas? o ¿La inteligencia artificial mejora o empeora el aprendizaje?). A partir de ahí, deben investigar previamente en casa para documentarse, comprender el tema en profundidad y preparar argumentos a favor o en contra. En clase, organizamos el debate en formato radiofónico: con moderadores, tiempos establecidos y grabación final. No solo mejoran su expresión oral y capacidad argumentativa, sino que también aprenden a respetar el turno de palabra, escuchar con atención y contrastar ideas.

En este proceso de investigación, cada vez es más habitual que el alumnado, incluso en Primaria, recurra a herramientas de inteligencia artificial. Ya no se limitan a buscar en Google: utilizan asistentes virtuales como ChatGPT para resolver dudas, redactar borradores o comprender conceptos complejos. ¿Pero alguien les ha enseñado a usar correctamente la IA?

Aquí es donde, como docentes, tenemos una gran responsabilidad. La IA puede ser una herramienta muy potente para aprender, ahorrar tiempo y explorar nuevas ideas, pero también implica ciertos riesgos si no se usa de manera crítica. Por eso, en mis clases trabajo mucho la necesidad de verificar la información, contrastarla con otras fuentes y no dar por válida cualquier respuesta que genera una IA, del mismo modo que no asumimos como verdad absoluta lo primero que encontramos en internet. No basta con copiar y pegar: hay que pensar, filtrar y construir un discurso propio. Esta reflexión crítica es parte esencial del proceso, y por eso integro actividades donde los alumnos comparan lo que dice la IA con otras fuentes, debaten sobre su fiabilidad o reescriben un texto con su propio estilo.

Además, la IA también se convierte en una excelente excusa para reforzar la competencia digital. Hay que llevarlos a que comparen respuestas de la IA con otras fuentes, que reformulen preguntas, que aprendan a citar adecuadamente y a diferenciar entre un resumen automático y un trabajo personal reflexivo.

En definitiva, la metodología flipped, combinada con el uso crítico de la IA, favorece una actitud más activa y autónoma en el alumnado. No se trata de “dar clase al revés”, sino de cambiar la dinámica de siempre para que el aula sea un espacio vivo, donde se piensa, se investiga, se discute, se crea y se aprende en equipo. Un espacio donde el alumnado pueda ser el protagonista de su propio aprendizaje con el docente siendo el acompañante, el guía del proceso. Sólo así conseguiremos que los aprendizajes sean duraderos. Como dice una frase en grande en elAula Taller de nuestro cole: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.

domingo, 21 de septiembre de 2025

“Cuando el calor entra en el aula, ¿quién debe decidir?”

 

Por Esteban G. Sanrtana Cabrera 


En los últimos años, los equipos directivos y el profesorado hemos visto cómo nuestra labor docente se va acompañando de una creciente cantidad de protocolos que debemos conocer, aplicar y supervisar. Protocolos de prevención de riesgos laborales, protocolos de actuación frente a situaciones de altas temperaturas, protocolos de prevención del suicidio, protocolos de acoso escolar, comedores escolares, ayuda de libros, entre muchos otros. Todos ellos nacen de una necesidad legítima: proteger a nuestro alumnado y garantizar un entorno educativo seguro. Sin embargo, la realidad es que los docentes no somos especialistas en sanidad, en derecho, en prevención de riesgos ni en emergencias climáticas. Somos maestros y profesores, nuestra formación y vocación se centran en enseñar, en educar, en acompañar al alumnado en su crecimiento personal y académico.

Estos días en Canarias hemos vivido temperaturas extremas que han puesto en evidencia esta situación. Aprovechando esto la Consejería de Educación presentó un protocolo cuyas medidas contemplan, además de las propiamente preventivas, la adaptación de la jornada lectiva del centro o las relativas a la organización de la enseñanza de forma no presencial. 

Compañeros y familias nos preguntaban si el centro podía decidir suspender las clases, adelantar el horario lectivo o tomar medidas excepcionales ante el calor. Y la pregunta es inevitable: ¿quiénes somos los docentes para tomar decisiones de ese calado? Decisiones que implican la seguridad, la salud y la organización de toda una comunidad educativa no pueden quedar únicamente bajo el criterio de los equipos directivos, que no contamos ni con la titulación ni con las competencias técnicas para ello. Existen organismos especializados, tanto a nivel local como insular, que cuentan con personal formado y capacitado para dictar instrucciones claras en estas circunstancias. Esa debería ser la referencia, y no cargar la responsabilidad sobre quienes no disponemos de las herramientas necesarias.

El Protocolo, pretende reducir el margen de error en las decisiones al basarse en análisis preliminares de las medidas organizativas que deben implementarse en el centro educativo, teniendo en cuenta sus características específicas. ¿Pero y si nos equivocamos? ¿Sobre quién va a recaer la responsabilidad? 

Lo mismo ocurre con otras realidades. La incorporación de los comedores escolares, por ejemplo, ha supuesto sin duda un gran avance social y un apoyo fundamental para muchas familias. Pero a la vez ha generado un incremento considerable en la burocracia que recae en los centros: gestión de proveedores, supervisión de menús, control de incidencias, coordinación con empresas externas… Tareas que, siendo importantes, podrían ser perfectamente asumidas por la propia administración educativa o las corporaciones locales a través de unidades de gestión específicas. En cambio, una vez más, el colegio se convierte en el espacio donde se concentra todo, desde la atención sanitaria básica hasta la gestión alimentaria, pasando por protocolos de emergencias y procedimientos administrativos que poco tienen que ver con la enseñanza.

La escuela no puede transformarse en un cajón de sastre donde se depositan todos los problemas y necesidades sociales. Es cierto que la educación es un pilar fundamental de cualquier comunidad y que los centros educativos son un lugar de encuentro privilegiado. Pero si cada nueva situación que surge en la sociedad se traduce en un nuevo protocolo, en una nueva carga administrativa para los equipos directivos y docentes, se desdibuja el papel esencial del profesorado. Nuestra función principal debe seguir siendo enseñar, formar, acompañar al alumnado en su aprendizaje. Esa es la tarea para la que nos hemos preparado, a la que dedicamos tiempo, esfuerzo y vocación.

Reivindicar esto no significa rechazar la importancia de la prevención ni de la seguridad. Todo lo contrario: es reconocer que cada ámbito requiere de profesionales competentes y especializados. Igual que un médico no sustituye al maestro en el aula, el docente no debería sustituir a un técnico de riesgos laborales, a un especialista en salud mental o a un responsable de emergencias climáticas. La coordinación es posible y deseable, pero la responsabilidad última debe recaer en quienes cuentan con la preparación adecuada.

En definitiva, necesitamos que la administración asuma su papel de liderazgo en la gestión de estos temas, que se establezcan canales claros de apoyo y decisión, y que se libere a los centros de cargas que no les corresponden. Solo así podremos centrar nuestras energías en lo que mejor sabemos hacer: educar. 

TeldeActualidad

InfoNorte Digital

lunes, 15 de septiembre de 2025

“Tertulia de Mujeres”: Igualdad desde las ondas de la radio escolar.

 

Por Esteban G. Santana Cabrera

En un mundo donde el valor de la voz se mide muchas veces por quién la tiene, el CEIP Los Giles decidió en 2022 hacer algo diferente: abrir sus micrófonos para que mujeres de distintos ámbitos, profesiones y trayectorias puedan contar, compartir, inspirar. Y lo ha hecho desde la escuela, con su programa de radio Tertulia de Mujeres, impulsado por el Área de Igualdad, en el marco del Proyecto PIDAS, en coordinación con el Plan de Igualdad y el Plan de Comunicación del centro.


Más que una tertulia, es un espacio de encuentro: entrevistas a profesionales femeninas, testimonios, reflexiones sobre actualidad, salud, deporte, inclusión, ciencia, migración, pero también historias más cotidianas, cercanas, entrañables. Voces que muchas veces no tienen espacio en los medios de comunicación. Voces que aquí cobran visibilidad. Voces que enseñan, no sólo con lo que se dice, sino con el simple hecho de ser escuchadas.

¿Por qué la radio en la escuela? Porque la radio invita a escuchar, a dialogar, a reflexionar; porque exige lenguaje claro, respeto, empatía. En la radio escolar nuestro alumnado plantea preguntas, escucha distintas realidades, entiende que sus palabras importan, que sus compañeros tienen historias distintas. Y aprenden que la igualdad no es una palabra vacía, sino algo que se construye día a día, con gestos como poner a la mujer en el centro de la conversación, escuchar otras experiencias, reconocer desigualdades y comprometerse a cambiarlas.

Además, la radio escolar es puente entre el aula y el barrio. Permite llegar a las familias, profesorado, vecinos, mostrando que los valores de la igualdad no quedan solo como teoría, sino que se ponen en práctica, se difunden, se multiplican. Es una forma de comunicación cercana, inclusiva y que motiva.

El origen de Tertulia de Mujeres no es casual: nace del Proyecto PIDAS del CEIP Los Giles, del Plan de Igualdad y del Plan de Comunicación. Por ello es una pieza estratégica, no un añadido decorativo. El colegio decidió que formar en igualdad, sensibilizar y dar herramientas a alumnado y comunidad, era tan importante como enseñar matemáticas o lengua. Que uno de los caminos para lograrlo era escuchar, y dar voz.

La profesora coordinadora de igualdad, Lucía Rodríguez, siguiendo las instrucciones dictadas por la Consejería de Educación, es la encargada de promover en el centro un enfoque de igualdad de género utilizando entre otras herramientas la radio, a través de podcast que contribuyan a la coeducación, de forma que se garantice la adquisición por parte del alumnado de los aprendizajes relativos a la igualdad efectiva de mujeres y hombres, la prevención de la violencia de género, el respeto a la diversidad y la educación afectivo sexual, como dimensiones transversales integradas en los currículos de las diferentes áreas, materias y ámbitos.

Entre los episodios más recientes podemos destacar: una conversación con Beatriz Suárez Trujillo sobre salud ocular y los peligros de las pantallas, una tertulia dedicada al colectivo LGTBI+ donde Rocío Henríquez Peña habló de identidad y aceptación, una reflexión con la asociación “Mujeres, solidaridad y cooperación” sobre migración, un programa centrado en las enfermedades raras, o la visibilización de mujeres ingenieras con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Pero también pasan hombres como Miguelo Betancor, que se abordó la temática “Mujer y Deporte”, aportando su visión sobre los desafíos que aún persisten y la necesidad de seguir promoviendo la igualdad en todos los niveles del deporte.

Cada programa aporta algo nuevo. Ya sea sensibilización (sobre salud, inclusión, discapacidad), modelos profesionales distintos para las niñas, aprendizajes para todos, o simplemente inspiración para quien lo escucha. Y lo más bonito: es un proyecto colectivo: alumnado, familias, profesorado, invitadas,… Todos poniendo algo, todos aprendiendo algo.

Tertulia de Mujeres nos recuerda que la igualdad se construye también con ondas, con micrófonos, con historias contadas a quienes las necesitan. Que una escuela que escucha, que invita a opinar, que hace visible lo invisible, está formando ciudadanos y ciudadanas con conciencia, con respeto, con ganas de cambiar la sociedad que nos rodea.






jueves, 11 de septiembre de 2025

Este año participaré en el Congreso Nacional de Radio Escolar 2025


Este año participaré como ponente en el  Congreso Nacional de Radio Escolar en la ciudad de Oviedo los días 16 y 17 de octubre de 2025, organizado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el Principado de Asturias. 

Mi ponencia titulada «DIFERENTES SOFTWARE EN NUESTRA RADIO ESCOLAR» versará sobre distintas herramientas que nos pueden servir para editar nuestros podcast.

Este evento se celebrará en el Auditorio-Palacio de Congresos Príncipe Felipe de Oviedo y está diseñado para fomentar el intercambio de ideas, proyectos y experiencias en un ambiente de aprendizaje y colaboración.

Este encuentro se presenta como una oportunidad única para que docentes y expertos en radio escolar aprendan, compartan experiencias y creen nuevas conexiones que les enriquezcan en su desarrollo profesional.
Esperamos que este evento inspire y anime a más Administraciones y centros educativos a incluir la radio en su proyectos y a que vean las posibilidades que tiene para fomentar el aprendizaje, la creatividad y la participación del alumnado.

#CongresoRadioEscolar

El Congreso contará con una diversidad de actividades dirigidas a enriquecer la práctica educativa a través de la radio escolar:

  • Charlas inspiradoras: Expertos en comunicación y educación impartirán conferencias sobre el impacto de la radio como medio educativo y su capacidad para desarrollar competencias transversales.
  • Mesas redondas: Espacios de debate en los que se analizarán temas relevantes en torno al uso de la radio en el aula, incluyendo su contribución al desarrollo de habilidades comunicativas y al trabajo en equipo.
  • Experiencias educativas: Docentes y centros educativos compartirán proyectos exitosos de radio escolar, mostrando cómo integrarla en el currículo escolar y sus beneficios para el aprendizaje.

El evento está dirigido a docentes, personal de apoyo educativo en los centros y agentes que trabajan en el marco de la administración educativa.

La inscripción para la asistencia presencial es gratuita y estará abierta hasta el 25 de septiembre de 2025 o hasta completar las plazas disponibles para el mismo. El Congreso también se podrá seguir vía streaming. (No es necesario inscripción para visualizar online)

Accede aquí al Formulario de inscripción

No te pierdas esta oportunidad de aprender, compartir y crecer en el ámbito de la radio escolar. ¡Te esperamos en Oviedo!

Para cualquier duda o consulta, puedes ponerte en contacto a través de la siguiente dirección de correo electrónico recursos.educativos@educacion.gob.es

MÁS INFORMACIÓN

viernes, 5 de septiembre de 2025

Magistros audire maxime necessarium est

 

Comenzamos un nuevo curso escolar en Canarias con la incorporación de setecientos docentes adicionales y la puesta en marcha de un servicio pionero de drones para inspeccionar las infraestructuras educativas. A simple vista, ambas medidas parecen muy positivas y transmiten la idea de un compromiso firme con la mejora del sistema educativo. Sin embargo, después de más de 35 años en las aulas y con la experiencia acumulada de haber vivido muchos comienzos de curso, siento la necesidad de mirar más allá del titular y poner sobre la mesa la realidad que vivimos día a día los docentes en los centros.

Por un lado, se habla de un aumento de plantillas. Pero ¿realmente se percibe esa ampliación en los centros? La experiencia de muchos compañeros y la mía propia nos dice que no siempre es así. El Plan de Estabilización ha dejado a muchos compañeros interinos fuera de los nombramientos por todo el curso. Y encima estos compañeros que vienen de la Península están renunciando porque no encuentran viviendas donde poder vivir por un precio digno. Asimismo, programas que habían supuesto un refuerzo importante, como ESTELA, con la implementación de la docencia compartida, han visto cómo se reducía el horario en muchos centros, lo que deja a parte del alumnado sin la atención que necesita. Además, se ha incrementado el número de grupos mezcla por la disminución de ratios, una situación que exige un enorme esfuerzo por parte del profesorado y que, aunque se intenta llevar con profesionalidad y creatividad, no deja de ser un síntoma de que la organización de recursos no siempre responde a las necesidades reales.

A esto hay que añadir la pérdida de personal de administración en los centros más pequeños. Este detalle, que desde fuera puede parecer menor, en realidad supone una sobrecarga administrativa para los equipos directivos y, en última instancia, resta tiempo y energía al profesorado para centrarse en lo que realmente importa: la labor educativa. La burocracia, lejos de disminuir, no ha hecho sino aumentar. Cada año nos encontramos con nuevas plataformas, informes y procesos administrativos que requieren horas de dedicación. Todo ello recae sobre los equipos directivos que, en muchos casos, están ya saturados por el peso de la gestión diaria.

La noticia sobre los drones es, sin duda, llamativa. No niego que es importante contar con mecanismos eficaces para supervisar las infraestructuras y velar por la seguridad de los centros. Sin embargo, los que vivimos el día a día en los colegios sabemos que los verdaderos problemas suelen estar en el interior. Uno de los más graves es la precariedad de las instalaciones eléctricas. La baja potencia de la red en muchos centros impide utilizar con normalidad los equipos informáticos o el aire acondicionado, lo que limita las posibilidades de innovación y repercute directamente en el bienestar de alumnado y profesorado. En pleno siglo XXI, resulta contradictorio hablar de digitalización educativa cuando la red eléctrica no garantiza lo más básico.

La innovación, sin embargo, no se detiene. A pesar de las dificultades, los docentes de Canarias seguimos trabajando por la mejora del rendimiento académico de nuestro alumnado. Llevamos a cabo proyectos que buscan motivar, que despiertan la curiosidad y que ayudan a que el alumnado sea más autónomo y competente. En muchos casos lo hacemos sin contar con las herramientas que serían realmente útiles, como aplicaciones basadas en inteligencia artificial o recursos digitales que siguen sin estar al alcance de la mayoría de los centros. La distancia entre el discurso oficial y la realidad cotidiana se hace evidente en estos detalles.

Después de tantos años en la docencia, sé que los logros de nuestro sistema educativo no se deben a grandes titulares ni a proyectos vistosos, sino al esfuerzo constante de miles de profesionales que, cada mañana, abrimos las puertas de nuestras aulas convencidos de que la educación puede transformar vidas. Lo hacemos con vocación y con la certeza de que, a pesar de las dificultades, nuestro alumnado merece lo mejor. Por eso, aunque agradecemos los anuncios de mejoras y la inversión en nuevas herramientas, pedimos también que se escuche la voz de quienes estamos en el aula, porque somos nosotros los que conocemos de primera mano las carencias y los retos que enfrentamos.

En definitiva, este inicio de curso me deja una doble sensación: por un lado, la ilusión renovada de comenzar un nuevo camino con mi alumnado; por otro, la preocupación de ver cómo las necesidades reales de los centros siguen sin encontrar una respuesta adecuada. No dudo de que se están dando pasos, pero si queremos una educación pública de calidad en Canarias, debemos empezar por fortalecer lo básico: plantillas suficientes y estables, infraestructuras interiores seguras y modernas, menos burocracia, potenciar los recursos para el alumnado NEAE y un mayor acceso a herramientas que potencien la innovación. Todo lo demás, drones incluidos, es accesorio si no se atienden estas prioridades. Feliz comienzo de curso.

TeldeActualidad

IInfoNorte Digital






miércoles, 3 de septiembre de 2025

Arrancamos

Arrancamos. Esperemos que este nuevo curso nos traiga nuevos logros para los docentes y para la Educación en sí, porque invertir en Educación es invertir en el futuro de nuestra sociedad dándole el valor que verdaderamente tenía la formación para los griegos y romanos donde la Paideia ponía los pilares de una generación de niños y niñas con formación integral en valores y competencias inherentes a la sociedad. Mi reflexión en Canarias Radio La Autonómica

miércoles, 27 de agosto de 2025

De las clases de gimnasia a la Educación Física

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Si hoy entramos a una clase de Educación Física en cualquier centro educativo, probablemente veamos balones, conos, colchonetas, música de fondo y un docente que habla de coordinación, trabajo en equipo y hábitos saludables. Pero no siempre fue así. Antes, lo que hoy llamamos Educación Física se conocía simplemente como “gimnasia”. Y no tenía el mismo enfoque ni la misma flexibilidad que conocemos ahora.

En mi caso, tengo grabados en la memoria aquellos días de colegio en el Adán del Castillo, cuando las clases de gimnasia las dirigían entrenadores como Pepe Clavijo, el mismo que después entrenaría al Claret Las Palmas y que acabaría formando parte del Gran Canaria de Baloncesto, o maestros como Don Orlando y Don Gustavo. No había música, ni coreografías, ni siquiera tantas explicaciones sobre la importancia de calentar; lo que había era un pitido, unas filas bien formadas y una voz firme que te decía: “¡A formar!”.

En aquella época, todavía estábamos viviendo el cambio que trajo la Ley de 1961, cuando se estableció la obligatoriedad de la enseñanza de la Educación Física en todos los niveles educativos. Esta ley, acompañada de decretos, órdenes y resoluciones, dio un vuelco a la asignatura. También creó la Junta Nacional de Educación Física, que se encargó de coordinar y planificar cómo debían ser las clases. Pero aun con ese marco, la realidad en los patios y gimnasios era que la “gimnástica” seguía siendo la base: tablas de ejercicios, saltos, carreras, y poco más.

Recuerdo especialmente el paso al IES Cairasco de Figueroa de Tamaraceite, donde el profesor de Educación Física era Don Abilio, un militar de los de antes, y al que los chiquillos respetábamos. Sus clases eran… digamos que intensas. No era raro que en vez de partidos de baloncesto o juegos de relevos, hiciéramos auténticas sesiones de instrucción militar: marchar al paso, formar escuadras, ejercicios sincronizados, subir cuerdas, espalderas,  y mucho, pero mucho énfasis en la disciplina. Para algunos compañeros era duro; para otros, una especie de entrenamiento secreto para el servicio militar.

Con el tiempo, y gracias a los cambios que trajo esa legislación, la gimnasia empezó a abrirse al deporte. Pasamos de aquellas tablas repetitivas a los circuitos y actividades más variadas: velocidad, resistencia, fuerza, flexibilidad. La finalidad era desarrollar lo que llamaban “aptitudes físicas”, y se complementaba con juegos pedagógicos y tradicionales.

No puedo olvidar cómo, en los recreos, muchos de los ejercicios de las clases acababan transformándose en nuestros propios campeonatos improvisados. Un balón de baloncesto y dos canastas oxidadas eran suficientes para que el patio se convirtiera en el “Gran Canaria Arena” particular de la época. Y si el profe se animaba, podía hasta participar y enseñarnos algún truco.

Hoy, mirando atrás, me doy cuenta de que aquellos profesores, con sus estilos tan diferentes, marcaron nuestra forma de entender el ejercicio y el deporte. Pepe Clavijo nos transmitía la pasión por el deporte y la importancia del esfuerzo; Don Abilio, la disciplina y el trabajo en equipo; y aquellos maestros de los 70 en el Adán del Castillo fueron los primeros en ponernos en movimiento, cuando la palabra “Educación Física” todavía sonaba demasiado formal y la “gimnasia” era lo que todos entendíamos.

En la imagen de principios de los 70 que guardo del Adán del Castillo, se ve perfectamente el espíritu de la época: niños en fila, pantalón corto, camiseta blanca, y al fondo el maestro vigilando cada movimiento. Nada de ropa deportiva de marca ni zapatillas técnicas, solo ganas de cumplir con lo que tocaba y, de paso, pasarlo bien. Pero a la vez había profesores que fomentaban el deporte como Juan Alberto López que fundó el mítico Nik de baloncesto, Don Juan Clemente el entrenador de balonmano, donde iban los más fuertes y aguerridos y Don Gustavo que entrenaba a los chiquillos que no servíamos ni para el fútbol ni para el baloncesto y nos ofreció el voleibol, un deporte que estaba empezando en la escuela. En el  Adán del Castillo formamos nuestros primeros equipos escolares de voleibol y competíamos con otros centros educativos de la ciudad en una liga escolar. Don Gustavo, los sábados nos llevaba en su viejo Seat a todos los chiquillos, unos encima de otros, hasta el centro donde teníamos que jugar ese día.

La asignatura ha evolucionado mucho: ahora se habla de salud, de hábitos saludables, de inclusión. Pero las risas, los nervios antes de un test de resistencia, el olor a balón de cuero viejo y el eco de los silbatos siguen siendo, para muchos, recuerdos que nos devuelven a esos días en los que el patio era nuestro pequeño estadio, y la gimnasia, o como la llamamos ahora, Educación Física, era la excusa perfecta para correr, sudar y, sobre todo, disfrutar.

La Provincia



domingo, 10 de agosto de 2025

"Chita, la maestra de Tamaraceite que nos enseñó con el alma"

Por Esteban G. Santana Cabrera  

A mediados del S XX, en un tiempo en que las guarderías no existían y los padres salían de casa desde bien temprano para trabajar, unos a las fincas de plataneras cercanas y otros a diferentes ocupaciones en el sector del turismo, aparecieron unos personajes esenciales en los pueblos y los barrios que, sin títulos oficiales ni aulas convencionales, sembraron las primeras semillas del conocimiento en muchos de nosotros. Una de ellas fue Chita, la primera maestra de muchos niños y niñas de La Montañeta, en Tamaraceite y la que me enseñó las primeras letras y números.

Los que somos docentes sabemos que el título no hace al maestro. Chita no tenía estudios universitarios ni diploma colgado en la pared. Lo que tenía era algo mucho más valioso: una vocación inmensa, una paciencia infinita y una sonrisa que calmaba cualquier temor. Comenzó ayudando a los más pequeños del pueblo, como a mis hermanos y a mí, que necesitábamos un lugar seguro mientras nuestros padres trabajaban. Pero no solo cuidaba, enseñaba. Enseñaba con dulzura, sin gritos, sin castigos, solo con afecto, cariño y comprensión.

Su primera escuelita estuvo en el callejón de la Calle Magdalena, donde antes había dado clases otra maestra durante muchísimos años, Pinito, que fue la que inició. Más adelante, se trasladó a la Calle Belén, en lo alto de la cuesta, justo donde estaba el antiguo pilar. Allí, en una de las cuevas que también le servía de hogar, instaló su pequeño aulario. Aún conservo con nitidez la imagen de aquella entrada repleta de plantas, de vida, como ella misma. La clase estaba al fondo, en una cueva a la derecha, junto a las demás habitaciones también excavadas en la tierra. Aquel espacio era humilde, sí, pero rebosaba calidez, ternura y respeto.

Mientras realizábamos nuestros “deberes” se nos abría el apetito con aquellos olores a potaje o a puchero recién cocinado. Recuerdo haberme quedado dormido más de una vez en aquel banco azul, mientras la voz de Chita nos guiaba entre las primeras letras y números con los que empezábamos a entender el mundo. Nunca necesitó alzar la voz. Jamás la vi pegar a un niño. Enseñaba desde la bondad, con un amor muy grande. No éramos muchos, pero cada uno recibía su atención como si fuéramos únicos.

Al terminar las clases, solíamos pasar por la tienda de Carmita Déniz, al principio de la calle Belén. Nos asomábamos a la ventanilla y desde allí, con los ojos muy abiertos, mirábamos las chucherías que reposaban sobre una gran mesa de madera. Aquella imagen era casi tan mágica como la clase: un premio dulce después de una mañana de letras, dibujos y ternura.

La muerte de Chita fue repentina. Se marchó sin avisar, como suelen irse las personas buenas, dejando un vacío silencioso. No hubo homenajes, ni placas, ni calles con su nombre. Solo quedó su recuerdo en quienes la tuvimos cerca, y en los que aprendimos con ella nuestras primeras palabras. Fue, para muchos de nosotros, el primer paso hacia el colegio nacional.

Hoy quiero rescatar su memoria del olvido. Porque Chita no fue solo una mujer que cuidaba niños. Fue una maestra sin escuela oficial, sin libros de texto, con una humilde pizarra, pero con una vocación más grande que cualquier título. Como ella, hubo muchas otras personas en Tamaraceite que durante los años 50, 60 y 70 pusieron los cimientos de lo que somos hoy. No enseñaban solo a leer o a sumar. Enseñaban a escuchar, a respetar, a esperar el turno, a confiar. Enseñaban a  que fuéramos mejores personas.

En la Calle Belén, justo en el muro de la casa de Carmita Déniz, enfrente del Pilar, hay un mural en la
que está presente y la recordamos cada vez que pasamos por allí, realizado por los muralistas Daniel Rodríguez Báez y GraffMapping, donde se plasmaron distintos momentos y personajes populares de Tamaraceite como Bernardo, Carmita Déniz, Jesús Arencibia, etc, y como no podía ser menos Chita La Maestra.  Una bonita obra que quedará para la posteridad y que servirá para recordar nuestra historia más reciente. 

Gracias, Chita, por tu entrega, por tu dulzura, por tu ejemplo. Tu cueva no era solo un lugar donde aprendíamos letras y números era un hogar donde se nos enseñaba a vivir.




sábado, 9 de agosto de 2025

domingo, 3 de agosto de 2025

"No escondas la psoriasis en verano, muéstrala con dignidad"

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Convivo con la psoriasis desde hace casi 40 años. Cuatro décadas marcadas no solo por los brotes y tratamientos, sino también por una lucha silenciosa contra los prejuicios. Porque la psoriasis no solo afecta a la piel, también afecta a lo emocional y lo social. Vivimos en una sociedad donde la imagen juega un papel predominante, donde lo que se ve muchas veces se juzga, y donde mostrar una piel afectada por lesiones en la piel puede suponer enfrentarse a miradas de rechazo o a sentirnos excluidos.

Por ello, visibilizar la psoriasis es una necesidad urgente. Porque mientras siga siendo un tabú, mientras se esconda por miedo o vergüenza, seguiremos perpetuando el estigma. Necesitamos naturalizar la psoriasis y la artritis psoriásica, hablar de ella con claridad, mostrarla, si no con orgullo, sí con naturalidad. Por eso es tan valiosa una campaña como #Destápate2025, impulsada por Acción Psoriasis y LEO Pharma, que nos anima cada año a quitarnos no solo la ropa, sino también los complejos.

Esta campaña, que arrancó este 15 de julio en el Hospital del Mar de Barcelona y se prolongará durante el verano, nos invita a mostrarnos tal como somos: sin filtros ni vergüenzas. A disfrutar de la playa, la piscina, la montaña o el día a día sin ocultar nuestra piel. Porque sí, el sol puede ayudar a mejorar los síntomas, pero el verdadero cambio ocurre cuando dejamos de escondernos a la sociedad. Porque las verdaderas lesiones no están en la piel sino en nuestro interior.

Como paciente, valoro que existan espacios como este, donde la imagen de quienes convivimos con la enfermedad se pone en el centro. Aunque sabemos que,  para que esta visibilidad tenga impacto, es necesario que vayamos más allá de las campañas puntuales. Necesitamos crear sinergias entre todos los agentes implicados: pacientes, dermatólogos, personal de enfermería, farmacéuticos, asociaciones de pacientes y, por supuesto, los medios de comunicación.

Cada uno de ellos juegan un rol fundamental. Los profesionales sanitarios son quienes nos acompañan en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento; nos ayudan a entender la enfermedad, a aceptar sus ciclos, a buscar las mejores opciones terapéuticas. En particular, quiero destacar el excelente trabajo que se realiza en las unidades de psoriasis de los hospitales canarios, que no solo ofrecen atención médica especializada, sino también una mirada humana y empática hacia quienes vivimos con esta patología.

Por otro lado, los medios de comunicación tienen el poder de romper estereotipos, de educar a la
sociedad, de generar empatía. La información rigurosa, la difusión de testimonios reales y dar a conocerla, son herramientas claves para derribar prejuicios.

Y nosotros, los pacientes, tenemos la responsabilidad, y el derecho,  de alzar la voz, de compartir nuestras historias, de mostrarnos. Porque cada vez que un paciente se destapa, inspira a otro a hacer lo mismo. Y así, poco a poco, dejamos de ser invisibles.

#Destápate no es solo una campaña, se trata de un movimiento por la dignidad de los pacientes, la comprensión y el respeto. Un recordatorio de que la psoriasis no nos define, pero forma parte de nosotros. Que nuestra piel puede tener marcas, pero también tiene una historia detrás de sí.

Por eso, invito a todas las personas, con psoriasis o sin ella, a unirse a esta nueva edición de #Destápate2025. Participar es contribuir a cambiar la mirada social sobre esta enfermedad. Es dar un paso hacia una sociedad más inclusiva, más empática y más informada.

Destápate. No para mostrar tus lesiones, sino para mostrar tu coraje. Porque visibilizar la psoriasis es también visibilizar las historias de más de 1 millón de personas en España que padecemos esta enfermedad.

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domingo, 27 de julio de 2025

Veranos de fútbol y gloria en Tamaraceite

Por Esteban G. Santana Cabrera 
 

A mediados del siglo pasado, el verano no significaba ir a la playa ni hacer planes al sur y mucho menos ir de viaje. En Tamaraceite, como en tantos barrios de nuestra isla, bastaba una silla en la puerta, la charla con los vecinos y la brisa de la tarde para que el día tuviera sentido. No hacía falta televisión, que apenas había irrumpido en algunos hogares, ni teléfono, ni mucho menos internet y como mucho una radio que servía para escuchar la radionovela, la Ronda, o las noticias. Se vivía con menos, pero con más calor humano. Y, quizás, con más alegría.

La calle era  el punto de encuentro de grandes y pequeños. Al caer el sol, salían las familias a la puerta, sacaban su silla y entre risas y tertulias se arreglaba el mundo. Se hablaba de lo que pasaba aquí y allá. Hasta de política se hablaba, con mucho tiento. Porque si pasaba el guindilla, había que guardar silencio y saludar con respeto. Eran otros tiempos, duros quizá, pero llenos de vida compartida.

Pero si había algo que hacía vibrar a Tamaraceite cada verano, eran los torneos de fútbol en el Llano de Juanito Amador, donde hoy se levanta el colegio Adán del Castillo. Aquel campo de tierra era el estadio de  los sueños de muchos jóvenes y niños de hace setenta u ochenta años. Allí se reunía el barrio entero: hombres, mujeres, niños y niñas, todos pendientes del balón. Era un fútbol distinto, sin gradas, y donde se vivía una pasión que hoy en día se echa de menos.

Equipos como los Piratas, el San Antonio o el Juventud Tamaraceite se disputaban el trofeo más preciado del verano. A veces venían equipos de otros barrios, lo que subía el nivel y encendía aún más el ambiente. Eran partidos de aficionados, sí, pero con jugadores que parecían profesionales por su entrega, como los que venían del Porteño o del Rehoyano. Muchos de los que luego serían grandes jugadores de la UD Las Palmas pasaron por estos torneos veraniegos como Juanito Guedes, Castellano, Germán o León.

No debemos olvidar los nombres propios de aquel Tamaraceite futbolero. Ahí estaba José “el Cabuco”, todo carácter, primero jugador y luego entrenador, que llegó a ganar un campeonato organizado por La Falange en el Campo España.  Lorenzo García “el Blanco”, veloz y elegante, que jugó en el Porteño. Antonio “el Morris”, con su clase en el Marino, o el padre de Rafael “el pintor”, guardameta del Victoria. También brillaron Rafael Angulo o Juanito Vargas, que llenaban de orgullo al barrio con cada jugada. Y por supuesto, el más recordado de todos: Juan Guedes, que pasó de aquel estanque convertido en campo de fútbol al verde del Estadio Insular, convirtiéndose en emblema de la Unión Deportiva Las Palmas, y llevando el nombre de Tamaraceite por toda España. Cabuco supo descubrir en Juanito Guedes su talento mágico, ese que nos deleitó tantas tardes en el Estadio Insular y que todavía seguimos recordando.

El ambiente en esos partidos era tan auténtico como inolvidable. Allí estaba siempre la madre de Salvador “el Veneno”, con su carrito de chochos y chuflas, seguida por una nube de chiquillos deseando que les dejara empujarlo. Eran tardes de fútbol, sí, pero también de relaciones sociales, de risas, de infancia.

Años más tarde estos torneos pasaron a hacerse en el mítico Juan Guedes, donde se vivieron momentos únicos de fútbol veraniego. Los más chicos aprovechamos para ir entre semana a darle patadas al balón y emular a nuestros grandes ídolos: Pichi, Maximino, Pepito Ramírez, Marrero, Marino y tantos otros. Luego vinieron los torneos de fútbol femenino que llenaban el Campo de Hoya Ayala, un estanque detrás de Los Bloques, y donde todavía recordamos nombres como Manola, Fabiola, Fina y Soraya por destacar algunas de sus figuras.

Con la llegada del fútbol sala allá por los años 80, los torneos pasaron a ser de salón y los más jóvenes nos reuníamos en grandes torneos de verano que llenaban el pabellón de Tamaraceite organizado por Pepe Déniz. Uno de esos equipos fue El Vendaval, compuesto por juveniles del Tamaraceite, Artesano y otros componentes aficionados, que llegó a la finalísima un año enfrentándose a equipos de veteranos. Nombres que no se nos olvidan hoy en día como Castillo (portero de la selección Juvenil de Las Palmas), Claudio, Alexis II (que llegó a jugar en la UD Las Palmas), Juan Luis, Cristo, Benjamín, Rubén,...

Hoy todo eso parece de otra época. Y lo es. El fútbol se ha transformado en espectáculo global, los fichajes valen millones y los niños ven partidos por la pantalla en lugar de jugarlos en la calle. Si no se apunta uno a un “campus de verano”, poco queda de aquel fútbol de barrio. De aquel fútbol genuino. Pero los que lo vivimos no lo olvidamos. Porque Tamaraceite no solo fue un lugar donde se jugaba al fútbol. Fue un lugar donde el fútbol nos enseñó a vivir juntos, a soñar en equipo, a celebrar lo nuestro. A ser barrio.