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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Vivimos tiempos en
los que resulta demasiado fácil generalizar. Con frecuencia, cuando
hablamos de la juventud, aparecen los tópicos: jóvenes pegados a
una pantalla, sin demasiadas inquietudes, sin grandes aspiraciones o
pendientes de las ayudas públicas para ir tirando. Una imagen que,
además de injusta, deja fuera de foco a una realidad mucho más
esperanzadora: la de tantos políticos y jóvenes que se esfuerzan,
se preparan, trabajan y siguen dedicando parte de su tiempo a
aprender, investigar y mejorar la sociedad en la que viven.
En
Canarias tenemos motivos para sentirnos orgullosos de muchos de
ellos. Jóvenes que, después de una jornada laboral, no siempre
eligen el camino más cómodo. Algunos continúan formándose; otros
participan en proyectos científicos, investigan, comparten
conocimientos y buscan respuestas a preguntas que pueden contribuir a
mejorar nuestras vidas. Lo hacen muchas veces sin grandes
reconocimientos, sin titulares en la prensa y sin esperar aplausos.
Simplemente, porque creen en lo que hacen.
Un ejemplo lo
tenemos en la representación canaria el pasado 10 al 14 de Octubre,
del Servicio de Medicina Intensiva del Complejo Hospitalario
Universitario Insular de Gran Canaria en el congreso de la European
Society of Intensive Care Medicine (ESICM), celebrado en Lisboa,
presentando varias comunicaciones científicas que reflejan el valor
del trabajo en equipo, la curiosidad científica y el compromiso con
la investigación. Porque investigar no consiste únicamente en
desarrollar grandes proyectos, sino también en plantearse preguntas,
compartir conocimientos y transformar la práctica clínica a través
de pequeñas iniciativas que, con esfuerzo y continuidad, pueden
generar un impacto significativo. Este esfuerzo se atribuye a todo el
equipo por su implicación, entusiasmo y esfuerzo, y por demostrar
que la investigación también se construye día a día, con
iniciativa, colaboración y ganas de aprender.
Comunicaciones
realizadas por profesionales, médicos y enfermeras que, además de
atender a pacientes en situaciones críticas, encuentran tiempo para
investigar y buscar nuevas formas de mejorar la asistencia sanitaria.
Personal sanitario que entiende que su responsabilidad no termina
cuando acaba su turno, porque saben que sus aportaciones, por
pequeñas que sean, pueden contribuir a salvar vidas.
Y
ahí es donde encontramos esos jóvenes valores que tanto necesitamos
visibilizar. Profesionales que no se conforman con hacer lo
imprescindible, que entienden el trabajo como una oportunidad para
crecer y que descubren en la investigación una manera de devolver a
la sociedad parte de lo que esta les ha ofrecido.
Con esto
no quiero idealizar a toda una generación ni de negar las
dificultades que encuentran muchos jóvenes para acceder a un empleo
digno, emanciparse o desarrollar sus proyectos. Tampoco de cuestionar
las ayudas públicas, necesarias para quienes las necesitan. Se trata
de algo mucho más sencillo, y es la de no permitir que los
prejuicios oculten el talento, la iniciativa y la capacidad de
sacrificio de quienes están construyendo el futuro desde el
presente.
Canarias necesita referentes. Jóvenes que
investiguen en nuestros hospitales, que innoven en nuestras
universidades, que emprendan, que enseñen y que se comprometan con
la sociedad. Necesita que sus historias se conozcan, porque ejemplos
como estos, de esfuerzo, desmonta un estereotipo y abre una puerta a
quienes todavía están buscando su camino.
Quizá el
verdadero problema no sea que existan jóvenes sin expectativas, sino
que, en ocasiones, prestamos más atención a los tópicos que a
quienes demuestran, con hechos, que otra realidad es posible. Por
eso, cuando hablamos de jóvenes valores, no deberíamos pensar
únicamente en promesas de futuro. Deberíamos mirar a nuestro
alrededor y reconocer a quienes ya están aportando, investigando y
mejorando nuestra sociedad. Porque el talento también está aquí,
en nuestras islas, en nuestros hospitales y en nuestros centros de
trabajo.
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