viernes, 2 de enero de 2026

Las Charcas de San Lorenzo, revestidas de verde esperanza

 

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Las últimas lluvias han obrado un pequeño milagro en Las Charcas de San Lorenzo. Allí donde durante
los últimos años solo hubo polvo, olvido y dejadez, ha vuelto a brotar el verde. Un verde intenso, casi insolente, que se abre paso entre la tierra húmeda y nos recuerda que la naturaleza nunca se rinde del todo. Pasear por este rincón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria es, por momentos, sentirse lejos del asfalto, como si camináramos por algún paraje del norte peninsular y no en pleno corazón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En estas vacaciones he recorrido este espacio con mis hijos. Sus ojos, acostumbrados al cemento y a las pantallas, se abrían sorprendidos ante los estanques que han vuelto a coger agua, ante la vegetación que reverdece y ante la sensación de estar descubriendo un lugar secreto. Los estanques de barro, silenciosos durante tanto tiempo, parecen reclamar su memoria, aquellos años en los que las aves encontraban aquí refugio, descanso y lugar para nidificar. Un ecosistema vivo, construido por generaciones pasadas, que supo armonizar el uso agrícola con el respeto al entorno.

Pero junto a la esperanza, aflora también la herida. Porque las recientes lluvias han sacado a la luz no solo la vida, sino también el abandono. Acequias históricas colmatadas de escombros, el Camino Viejo de San Lorenzo convertido en improvisado vertedero, restos de una desidia que devalúa un patrimonio hidrográfico y etnográfico único. Resulta doloroso comprobar cómo un espacio catalogado por su alto valor ambiental y ornitológico sigue a la buena de Dios, sin protección real, sin mantenimiento, sin un proyecto que lo devuelva a la ciudadanía.

Llevamos años reivindicando que Tamaraceite es el espacio ideal para crear un gran parque agroambiental en una gran ciudad, y que pueda ser un Aula de la Naturaleza referente a nivel nacional por ser una zona de interés agrícola y donde se encuentran zonas de cultivo en expansión, estar atravesada por un camino real, que antaño unía los pueblos de Tamaraceite y San Lorenzo y que era zona de paso entre la ciudad y Teror, existiendo actualmente este camino que llega por el Román y San José del Álamo hasta la Villa Mariana. La situación estratégica en la que se encuentran las Charcas de San Lorenzo ha sido reconocida por distintas organizaciones por ser zona de paso de aves migratorias.

Las Charcas de San Lorenzo no son un solar vacío esperando su turno para ser urbanizado. Son historia viva. Son arquitectura del agua del siglo XVII. Son un corredor natural en una ciudad que crece sin pausa y que necesita, más que nunca, pulmones verdes, lugares de encuentro y de educación ambiental para los más jóvenes. Aquí, a escasos metros de centros comerciales y grandes infraestructuras, podría latir un espacio distinto, un Parque Agroambiental que combine naturaleza, agricultura, cultura y aprendizaje.

Ahora que se acercan los Reyes Magos, es buen momento para pedir deseos que no se envuelven en papel de regalo. Que las administraciones miren hacia este lugar con la responsabilidad que merece. Que se recupere el proyecto ya existente, fruto de años de trabajo ciudadano y técnico. Que se rehabiliten los estanques, las acequias y el Camino Viejo. Que vuelvan las aves, los escolares, los paseantes. Que este verde reciente no sea solo un espejismo tras la lluvia, sino el inicio de una transformación justa y necesaria.

Porque cuando la naturaleza responde así, incluso después de tanto abandono, no está pidiendo limosna. Está exigiendo respeto. Y Las Charcas de San Lorenzo lo merecen. No dejen de visitarlas antes de que el verde se convierta en gris.

La Provincia



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