lunes, 8 de junio de 2026

¡Bienvenido Papa León!

Por Esteban G. Santana Cabrera  

Los canarios vivimos estos días con una emoción difícil de describir. La anunciada visita del papa León XIV a nuestra tierra  es un acontecimiento institucional y mediático nunca vivido en Canarias. Para quienes vivimos la fe católica, la llegada del sucesor de Pedro representa la visita del pastor que viene a encontrarse con su pueblo, a confirmar nuestra fe y a recordarnos, con su presencia, que formamos parte de una Iglesia universal que no conoce fronteras.

Canarias ha sido históricamente una tierra de emigrantes. Durante generaciones, miles de isleños tuvieron que dejar atrás sus hogares para buscar oportunidades en América, en Europa o en cualquier rincón donde pudieran construir un futuro mejor para sus familias. Muchos de nuestros abuelos y bisabuelos conocieron el desarraigo, la incertidumbre y la esperanza que acompañan a quien abandona su tierra en busca de una vida mejor.

Es por eso que los canarios entendemos especialmente bien el drama de quienes hoy llegan a nuestras costas. En las últimas décadas, nuestro archipiélago se ha convertido en puerta de entrada para miles de personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza extrema o la falta de oportunidades. Son hombres, mujeres y niños que, como tantos canarios en el pasado, emprenden un viaje incierto impulsados por el deseo legítimo de encontrar una vida mejor.

Ante esta realidad, los cristianos no podemos permanecer indiferentes. El Evangelio nos interpela de manera directa. Jesús nos recuerda: “Fui forastero y me acogistes” (Mt 25,35). Y añade unas palabras que deberían resonar constantemente en nuestra conciencia: “Todo lo que hicieras a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicistes” (Mt 25,40).

Estas palabras resuenan en nuestros oídos cada vez que se anuncia la llegada de una patera a las islas después de días en alta mar. Acoger al inmigrante, proteger al vulnerable y reconocer la dignidad de toda persona forman parte inseparable de nuestra fe. No es una cuestión ideológica ni política, sino profundamente evangélica.

Por supuesto, la acogida debe ir acompañada de responsabilidad, integración y respeto mutuo. Los canarios tenemos la obligación moral de tender la mano a quien llega buscando una vida mejor, dispuesto a trabajar, a contribuir y a construir un futuro en paz. Acoger no significa fomentar la dependencia ni promover una cultura de la facilidad, sino ofrecer oportunidades a quienes desean convivir con nosotros con esfuerzo y dignidad.

La visita de León XIV llega precisamente en un momento en el que Canarias se encuentra en el centro de uno de los grandes desafíos humanitarios de nuestro tiempo. Su presencia entre nosotros puede ayudarnos a mirar esta realidad con los ojos del Evangelio, alejándonos tanto de la indiferencia como de la confrontación. El Papa viene a recordarnos que las personas que llegan buscando un mundo mejor no son meramente cifras, hay un rostro, una historia y una persona.

Como católico, espero esta visita con gratitud y esperanza. Gratitud porque el Santo Padre ha puesto su mirada sobre nuestra tierra, como la puso su antecesor el Papa Francisco. Esperanza porque sus palabras pueden fortalecer nuestra identidad cristiana y nuestro compromiso con quienes más sufren.

Que la llegada de León XIV nos ayude a redescubrir la solidaridad del pueblo canario que un día emigró y que hoy está llamado a acoger. Porque, abrir nuestras fronteras al necesitado, es abrir la puerta al propio Jesús.


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