desde tamaraceite de Esteban Gabriel Santana Cabrera
miércoles, 31 de diciembre de 2025
lunes, 29 de diciembre de 2025
Más Educación, más calidad de vida y menos ruido en el Año Nuevo
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
El año nuevo siempre llega cargado de promesas. Sobre todo si escuchamos los discursos políticos de fin de año donde se hace balance de lo pasado y se “promete” el futuro. Personalmente creo que es casi un acto de fe confiar en que los próximos doce meses nos traerán más luces que sombras, más avances que retrocesos. No se trata de ingenuidad, sino de esperanza, una palabra que sigue teniendo sentido cuando se la acompaña de reflexión y compromiso.
Ojalá este 2026 sea un año de buenas noticias. Un año en el que la cordura se abra paso, especialmente en el ámbito político, donde tantas veces el ruido termina ahogando las soluciones. Necesitamos serenidad, acuerdos y una mirada a largo plazo que ponga a las personas en el centro. Porque gobernar no debería ser una carrera de obstáculos, sino un ejercicio de responsabilidad colectiva. Al hilo de esta idea me vienen a la cabeza las conversaciones con mi amigo Luis Cristóbal García Correa en su etapa de concejal del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, sobre la responsabilidad del político de verdad, del que busca el bien común y no su propio beneficio, de aquel que intenta ser un servidor público y no servirse de su puesto para malversar, prevaricar y hacerse poderoso ante los ciudadanos.
En este nuevo año mis mejores deseos de salud, que nunca deja de ser la base de todo lo demás. Que los avances médicos sigan llegando, no para alargar la vida hasta cifras casi irreales, sino para mejorar su calidad. Vivir más solo tiene sentido si vivimos mejor, con menos dolor, más autonomía y mayor bienestar físico y emocional. Potenciar a los investigadores canarios, ponerlos en valor, hará que creamos más en los profesionales sanitarios de nuestra tierra, que son muchos y buenos.
Pero si hay un ámbito donde el nuevo año debería marcar un antes y un después, ese es la Educación. Estrenamos ministra, y con ella se renueva, al menos sobre el papel, la esperanza de que algo cambie. Sin embargo, la experiencia nos invita a la prudencia. La política educativa en España sigue anclada en un viejo mantra: “cada maestrillo tiene su librillo”. Y así, entre leyes que nacen con fecha de caducidad y reformas que no terminan de calar, el sistema avanza sin un rumbo claro y compartido.
Uno de los grandes silencios del debate educativo es la evaluación del profesorado. Cada año se incorporan nuevos docentes al sistema sin que exista una verdadera cultura de seguimiento, acompañamiento y mejora. Apenas se mide qué se hace en el aula, cómo se hace o qué impacto tiene en el aprendizaje del alumnado. Y no estoy hablando de rendimiento ni calificaciones que muchas veces muestran un falso retrato de la realidad. Evaluar al profesorado no debería ser sinónimo de castigar, sino de ayudar a crecer profesionalmente. Mejorar la calidad del docente es, sin rodeos, mejorar la calidad de la Educación.
A esto se suma una cuestión cada vez más urgente y que no paro de reivindicar: la salud mental del profesorado. Cuidarla no es un lujo ni una moda, es una necesidad vital para poder afrontar cada día un aula diversa, exigente y con múltiples problemáticas. Un docente agotado difícilmente puede inspirar, acompañar y transformar. Los políticos, demasiadas veces, miran la Educación como un problema que gestionar y no como una oportunidad para transformar la sociedad. Y es ahí donde perdemos todos.
Desde estas islas que compartimos, espero que este año 2026 seamos un territorio más unido, separado solo por el mar que nos rodea, pero mejor comunicado, más justo y con las mismas oportunidades para nuestros jóvenes, vivan donde vivan. Que el nuevo año nos acerque más, nos haga pensar mejor y nos recuerde que invertir en Educación y en Salud es invertir en futuro.
miércoles, 24 de diciembre de 2025
lunes, 22 de diciembre de 2025
La Navidad que perdimos
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
La tradición cristiana nos recuerda que la Navidad nació de un acontecimiento humilde, el nacimiento de Jesús, en un pesebre, lejos del ruido y en la más absoluta intimidad . Los primeros cristianos no celebraban la Navidad con grandes fiestas ni ceremonias ostentosas; fue con el paso de los siglos cuando la Iglesia incorporó esta fiesta, allá por el siglo IV, para destacar la luz que Cristo traía al mundo en medio de la oscuridad. Desde entonces, la Navidad se convirtió en símbolo de esperanza, de renovación interior y, sobre todo, de un Dios que se hace cercano. Las culturas cristianas, a través de los siglos, han enriquecido esta celebración con villancicos, belenes, misas del gallo, y tradiciones familiares que invitaban a compartir, agradecer y recordar el sentido profundo del nacimiento de Jesús.
Sin embargo, nuestra sociedad contemporánea parece haber desplazado este sentimiento más espiritual hacia un horizonte de puro consumo. La publicidad, que empieza a bombardearnos desde noviembre, nos empuja a creer que la alegría depende de acumular objetos, que el cariño se mide por el tamaño del regalo y que la Navidad solo es auténtica si hay abundancia de regalos. Los niños, especialmente vulnerables, asimilan este mensaje sin filtros, convirtiendo la espera del Niño en la espera de paquetes. A menudo perdemos de vista que la Navidad, lejos de ser un espectáculo de compras, es una invitación al silencio, a la contemplación y a la solidaridad
Me vienen a la mente unas palabras del Papa Francisco: “La Navidad es luz, es un camino, más allá de algo emotivo y los regalos… no se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver”.
Quizá, recuperar la esencia de la Navidad no requiera grandes revoluciones, sino pequeños gestos: volver a hacer el belén con los niños, a cantar villancicos, a la oración, a no malgastar, a tener en cuenta a los más desfavorecidos, o al encuentro sincero con los demás. Recordar que, antes que regalos, la Navidad es camino, es esperanza. Que esa luz que nació en Belén siga invitándonos, aún hoy, a mirar con otros ojos estas fiestas. Con mi más sincero deseo: Feliz Navidad.
domingo, 21 de diciembre de 2025
Telecanarias navideño
El alumnado de 6º de Primaria ha sido el gran protagonista de una experiencia educativa muy especial: la creación de un informativo en formato telediario para dar a conocer cómo se vive la Navidad en las Islas Canarias. Esta actividad se enmarca dentro del proyecto nacional Agrupación de Centros Escolares, en el que participamos junto a centros educativos de Salamanca, Cáceres y Madrid, bajo el nombre común de nuestro proyecto: “En la Onda”.
La radio escolar es el hilo conductor que une a todos los centros participantes y se convierte en una poderosa herramienta de comunicación, aprendizaje y cohesión. A través de ella, nuestro alumnado ha investigado, seleccionado información, redactado guiones y trabajado la expresión oral para compartir con el resto de centros las tradiciones navideñas más representativas de nuestro entorno.
Esta actividad ha contado con la implicación directa del Eje de Patrimonio, integrado en el Proyecto PIDAS, poniendo en valor el patrimonio cultural y social de Canarias. El alumnado ha explorado tradiciones como los belenes, la música navideña, la gastronomía típica o la forma particular de vivir estas fechas en las islas, entendiendo la Navidad como parte de nuestra identidad cultural.
De esta manera, no solo se ha trabajado el conocimiento del patrimonio, sino también el respeto y la valoración de la diversidad cultural, favoreciendo el intercambio entre comunidades autónomas y enriqueciendo el aprendizaje de todos los participantes.
La elaboración del telediario ha permitido desarrollar múltiples competencias: Comunicación lingüística, Competencia digital, Trabajo cooperativo, Educación en valores y conocimiento del entorno.
Además, el alumnado ha asumido distintos roles propios de un informativo (presentadores/as, redactores/as, reporteros/as), aumentando su motivación y su implicación en el proceso de aprendizaje.
Desde nuestro centro, seguimos apostando por la radio escolar como herramienta educativa y por proyectos que conectan aulas, territorios y culturas, haciendo del aprendizaje una experiencia real, significativa y compartida. Seguimos en la Onda… y aprendiendo juntos.
sábado, 20 de diciembre de 2025
martes, 16 de diciembre de 2025
Obra dramatizada de Navidad
Con la llegada de la Navidad, el alumnado de 5º de nuestro cole ha vivido una experiencia muy especial: la dramatización de una obra de teatro navideña en formato radiofónico, una actividad que ha unido creatividad, trabajo en equipo y mucha ilusión. https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2025/12/16/una-navidad-que-se-escucha-en-radio-los-giles/
lunes, 15 de diciembre de 2025
Fin de Trimestre
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
Se cierra un trimestre académico y, con él, la primera etapa de este curso que no solo se mide en contenidos aprendidos o evaluaciones superadas, sino también en el clima social y político que nos ha acompañado durante estos meses. Un trimestre marcado, en lo colectivo, por el ruido constante de los escándalos políticos, las descalificaciones personales y la sensación de parálisis institucional. Sin presupuestos, sin avances legislativos relevantes y con una política cada vez más alejada de las preocupaciones reales, muchos ciudadanos de a pie nos preguntamos para qué sirve tanto concejal, tanto diputado y tanto senador si los problemas siguen intactos y la crispación crece. Y lo más peligroso, los alumnos se cuestionan que para qué sirve estudiar si los modelos que tienen en los medios y en las redes sociales ejemplifican todo lo contrario.
Ha sido un trimestre cargado de titulares negativos y escaso en noticias que alimenten la esperanza. La solidaridad y las buenas prácticas parecen relegadas a espacios marginales mientras el foco mediático se centra en la confrontación. Además, la memoria colectiva es frágil: ya casi no se habla de Gaza ni de cómo miles de personas sobreviven allí en condiciones inhumanas; ni de Ucrania, que ha dejado de ocupar portadas, como si el sufrimiento tuviera fecha de caducidad; ni de las decenas de guerras activas en el mundo que permanecen invisibles, pese a que cada día mueren miles de personas o pasan hambre en silencio. El dolor ajeno se normaliza y el cansancio informativo nos vuelve indiferentes. Conozco cada vez más personas que ya han optado por no informarse, ni por la prensa ni por la radio ni por la televisión.
En este contexto, cientos de miles de alumnos en España reciben estos días las notas de su primer trimestre. Para algunos, llegan las alegrías del esfuerzo reconocido; para otros, las decepciones, las dudas y, en ocasiones, la etiqueta temprana del fracaso. Y surge una pregunta que merece ser formulada, especialmente en la etapa de Primaria: ¿para qué sirven realmente las notas? ¿Evalúan el aprendizaje o solo lo reducen a un número? ¿Ayudan a crecer o, a veces, solo comparan, clasifican y generan ansiedad?
Quizá este final de trimestre sea también un buen momento para reflexionar sobre qué tipo de educación y de sociedad estamos construyendo. Una educación que debería formar personas críticas, empáticas y comprometidas, capaces de mirar más allá de su entorno inmediato y de no olvidar que el mundo no se acaba en un boletín de calificaciones ni en un titular incendiario. Frente a una realidad social crispada y un panorama internacional desolador, la escuela puede y debe ser un espacio de esperanza, de pensamiento y de humanidad.
Porque, al final, educar no es solo transmitir conocimientos ni gobernar es solo ocupar cargos. Ambos deberían servir para mejorar la vida de las personas. Y quizá convenga recordarlo con una idea sencilla pero poderosa: cuando olvidamos para qué sirven las cosas, corremos el riesgo de perder aquello que de verdad importa.
lunes, 8 de diciembre de 2025
La apuesta por la desilusión
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
El acceso fácil y rápido a estas casas de apuestas, lo llamativo de sus locales y la influencia de las redes sociales, tiene repercusiones negativas en la juventud. La normalización del juego como una vía para obtener dinero o éxito rápido crea expectativas poco reales en los jóvenes, que en su mayoría aún están en proceso de formación tanto en términos emocionales como sociales. Continuamente están siendo asediados por las redes sociales por el mínimo esfuerzo y la inmediatez de la información y de conseguir logros para alcanzar la estabilidad. Por ello, los jóvenes se ven tentados a participar en actividades de apuestas sin tener conciencia plena de sus consecuencias. En este contexto, la desmotivación y la falta de modelos positivos a seguir contribuyen a que muchos se sientan atraídos por estas opciones como válvula de escape.
Una de las consecuencias más visibles de la proliferación de estas casas de apuestas en barrios con una alta concentración de jóvenes es el aumento de casos de acoso y violencia. En muchos casos, los chicos y chicas que se ven atrapados en la dinámica del juego empiezan a enfrentar problemas económicos, que pueden desencadenar conductas de desesperación, irritabilidad y, en algunos casos, actitudes agresivas. Los adolescentes que desarrollan problemas con las apuestas pueden sentirse presionados por sus compañeros, lo que alimenta aún más un círculo vicioso de comportamientos hostiles. Este ambiente también puede aumentar el acoso escolar, especialmente en aquellos que se ven incapaces de cumplir con las expectativas sociales, ya que el fracaso en las apuestas puede generar vergüenza y rechazo.
El fenómeno también está relacionado con una creciente sensación de desilusión y falta de esperanza en el futuro, especialmente entre los jóvenes de barrios marginales o en zonas con pocas alternativas de desarrollo económico. En lugar de buscar caminos formativos o laborales que les permitan progresar, muchos optan por el atajo de las apuestas, que a menudo solo les lleva a una espiral de deudas y frustración. Esto también refleja una ausencia de valores en la sociedad, donde las grandes empresas de apuestas, a menudo con fines puramente lucrativos, se instalan en áreas vulnerables sin ofrecer ninguna clase de apoyo o educación en torno a los riesgos asociados con el juego.
Es fundamental que las instituciones públicas y privadas actúen de manera conjunta para regular la proliferación de casas de apuestas en zonas residenciales y cercanas a centros educativos. Es necesario reforzar la educación sobre el juego responsable desde edades tempranas y crear alternativas atractivas para los jóvenes, como programas de deporte, arte y emprendimiento, que les permitan encontrar caminos alternativos para canalizar sus energías y aspiraciones. Asimismo, los dirigentes políticos deben poner especial atención en los barrios más vulnerables, impulsando la creación de espacios seguros y saludables para la juventud.
Como conclusión, la proliferación de casas de apuestas en barrios como Tamaraceite es una manifestación clara de la falta de valores y la ausencia de políticas efectivas para proteger a los jóvenes. Esta situación requiere de una reflexión colectiva y un compromiso por parte de la sociedad para crear un entorno más seguro y saludable para nuestros más pequeños, donde los valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo y la educación sean los pilares fundamentales sobre los que se construya el futuro.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Diana Rivas, atleta internacional, en el cole
Esta semana tuvimos en el cole a la atleta colombiana Diana Rivas. Un placer poder compartir con ella sus inquietudes y proyectos. Escucha la entrevista 📻🎤 https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2025/12/04/esta-semana-tuvimos-la-visita-de-la-atleta-internacional-diana-rivas/
sábado, 6 de diciembre de 2025
Fantasía en la biblioteca
Durante el recreo, nuestra #biblioteca se llenó de fantasía gracias a dos de nuestras bibliotecarias, quienes sorprendieron a los más pequeños con una preciosa representación teatral del clásico cuento “Caperucita Roja”, versionado por ellas mismas. https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2025/12/02/un-recreo-lleno-de-magia-en-la-biblioteca-caperucita-roja/
martes, 2 de diciembre de 2025
Nuestro primer booktube
Durante este trimestre, el alumnado de 6.º de Primaria ha vivido un emocionante viaje lector que ha culminado en la creación de un #Booktube, un producto final que combina lectura, creatividad, reflexión y habilidades digitales: https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2025/12/01/el-alumnado-de-6-o-presenta-su-booktube-asi-hemos-vivido-la-lectura-este-trimestre/
lunes, 1 de diciembre de 2025
La diversidad nos enriquece
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| Por Esteban G. Santana Cabrera |
La primera semana de diciembre celebramos el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha que nos invita a mirar de frente la realidad de nuestra sociedad y a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir. A lo largo del tiempo, las personas con discapacidad han tenido que cargar con términos injustos y dañinos: “deficientes”, “minusválidos”, “disminuidos”… Palabras que no solo etiquetan, sino que reducen, limitan y, en cierto modo, niegan. Detrás de cada una de ellas se esconde una concepción antigua y errónea de lo que significa la diversidad. Hoy sabemos, y debemos recordarlo una y otra vez, que ninguna persona puede definirse por una sola característica, y mucho menos por aquello que otros perciben como una limitación. Cada ser humano es un conjunto de talentos, sensibilidades, deseos, capacidades y sueños que lo hacen único e irrepetible.
Un ejemplo poderoso de esto es Héctor Santana, un joven grancanario con Síndrome de Down que ha decidido compartir parte de su vida a través de su libro “Mi vida no es un cuento”, editado por la Asociación Síndrome de Down de Las Palmas y Bilenio. El título, tan directo como profundo, rompe de inmediato cualquier estereotipo. Su historia no es un relato dulce, es una vida auténtica, con retos, ilusiones, aprendizajes y metas alcanzadas. Héctor nos recuerda que las personas con discapacidad no necesitan ser “especiales” para ser valiosas. Lo son porque cualquier vida humana lo es. Su voz, como la de tantos otros, merece no solo ser escuchada, sino ser parte activa de la sociedad.
En el ámbito educativo, esta realidad se hace aún más evidente. Los centros escolares que apuestan por la inclusión no solo cumplen con un marco legal o un deber institucional, se enriquecen sobremanera . La convivencia con compañeros y compañeras con discapacidad fomenta valores esenciales como la empatía, la paciencia, la cooperación y el respeto por la diversidad. Enseña a mirar más allá de lo superficial, a comprender que cada persona tiene ritmos diferentes, modos distintos de comunicarse y maneras únicas de relacionarse con el mundo. Cuando la escuela se convierte en un espacio inclusivo, se convierte también en un espacio más humano.
Es cierto que la inclusión requiere compromiso, recursos, formación y, sobre todo, voluntad. Pero el resultado merece la pena: centros más solidarios, aulas donde el alumnado aprende no solo matemáticas o lenguaje, sino también convivencia, justicia y ciudadanía. Los propios docentes confirman que la presencia de alumnado con discapacidad enriquece el ambiente, motiva nuevas metodologías, impulsa el trabajo cooperativo y fortalece el sentido de pertenencia.
Por todo ello, en este Día Internacional de las Personas con Discapacidad, debemos renovar nuestro compromiso con la inclusión y desterrar definitivamente los términos y actitudes que hieren, reconocer y celebrar la diversidad como un valor, escuchar, apoyar y acompañar a todas las personas para que puedan desarrollarse plenamente y garantizar entornos escolares y en la sociedad verdaderamente inclusivos donde cada niño o niña pueda brillar con luz propia.
Construir una sociedad más justa no es una utopía, es una responsabilidad. Y empieza por reconocer que todas las vidas, todas, tienen un valor muy grande y una historia que merece ser contada y respetada.
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