miércoles, 2 de septiembre de 2026

Un paseo por Tamaraceite

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

Hay barrios de nuestra ciudad de Las Palmas de Gran Canaria que no se conocen simplemente caminándolos. Hay que detenerse, escuchar a su gente, observar sus edificios, callejear y dejar que sean ellas las que cuenten la historia. Tamaraceite es uno de esos lugares, y además estoy muy orgulloso de haber nacido y crecido allí.

Miles de personas han llegado en los últimos años a vivir a este rincón de la ciudad atraídas por las nuevas urbanizaciones, las áreas comerciales y los servicios que ofrece una ciudad en constante crecimiento. Muchos conocen sus grandes avenidas, sus zonas comerciales, sus modernas promociones de viviendas e incluso los atascos. Sin embargo, pocos saben que bajo ese paisaje urbano se esconde uno de los lugares con mayor peso histórico de Gran Canaria.

Tamaraceite no nació como un barrio. Mucho antes de la conquista castellana fue uno de los antiguos cantones aborígenes de la isla, el denominado Tamarazeyte, gobernado, según narra José de Viera y Clavijo, por el guanarteme Adeun. Era un territorio fértil, rico en agua, agricultura y ganadería, donde los antiguos canarios encontraron un lugar privilegiado para asentarse. Las numerosas cuevas de La Montañeta, muchas de ellas todavía habitadas, son el mejor testimonio de aquella continuidad histórica que une a los antiguos pobladores con generaciones de vecinos.

Tras la conquista, Tamaraceite continuó siendo un enclave estratégico. Durante siglos fue una tierra agrícola por
excelencia, cubierta de palmeras, dragos, estanques y extensas fincas donde prosperaban cereales, hortalizas y frutales. Llegó a convertirse en el núcleo más poblado del desaparecido Ayuntamiento de San Lorenzo, auténtico motor económico y social de toda la comarca. Su historia no puede estudiarse sin el agua, sin las plataneras, sin los estanques, sin sus caminos reales y sin el esfuerzo de tantas familias que hicieron de este valle un ejemplo de trabajo y prosperidad.

Por eso, quien llega hoy a Tamaraceite debería dedicar, al menos una mañana a recorrer su casco histórico. Basta entrar en la iglesia de San Antonio Abad para descubrir una auténtica joya artística: el impresionante mural del pintor, nacido en Tamaraceite, Jesús Arencibia, una obra que convierte el presbiterio en una auténtica catequesis visual y que sorprende a cuantos la contemplan por primera vez. Artista de reconocido prestigio que podemos disfrutar de su obra en otros murales de la ciudad.

No podemos dejarnos atrás la vieja ermita de La Mayordomía del S XVII, hoy enterrada bajo los puentes de la circunvalación. Actualmente propiedad de la parroquia de San Antonio Abad, está situada aproximadamente a un kilómetro de la iglesia parroquial y a pocos metros de Las Perreras y La Guillena. Probablemente había antes un oratorio-cementerio para uso de los primeros dueños de la finca. Los mayordomos vivían en las casas cercanas que están en ruinas (de ahí proviene el nombre de mayordomía).

En la Carretera General, donde en otro tiempo la gente salía a pasear y a “ennoviar” los sábados y domingos a la salida de misa o del Cine Galdós, permanece la antigua Casa Consistorial del Ayuntamiento de San Lorenzo, hoy Casa de la Cultura, testigo de una época en la que Tamaraceite era centro administrativo de un amplio municipio. Caminar por la Carretera General permite descubrir viviendas tradicionales, antiguas casonas y rincones que todavía conservan la esencia de aquel pueblo que creció alrededor del camino real aunque hoy en día parezca más un barrio abandonado.

El paseo puede continuar hacia La Montañeta, donde las casas cueva siguen recordando la adaptación del ser humano al paisaje volcánico. Son viviendas humildes, pero cargadas de historias, que forman parte del patrimonio etnográfico de Gran Canaria y nos hablan de otra forma de entender la vida.

Y si el visitante desea encontrarse con la naturaleza, pocas rutas resultan tan sugerentes como el Camino Viejo de San Lorenzo. Este antiguo sendero conecta Tamaraceite con el histórico pueblo vecino atravesando uno de los espacios ambientales más valiosos del municipio: las Charcas de San Lorenzo, refugio de numerosas especies de aves y uno de esos lugares donde todavía es posible detener el reloj y escuchar únicamente el sonido del agua y del viento a pesar del abandono por parte de las instituciones.

Conocer Tamaraceite es comprender que la historia de un pueblo no desaparece porque cambien sus edificios o aumente su población. La historia permanece mientras haya personas dispuestas a contarla y otras con ganas de escucharla.

Por eso, esta invitación va dirigida especialmente a quienes han elegido Tamaraceite para construir su hogar. Descubrir el barrio donde vivimos también es una forma de quererlo. Pasear por sus calles con otros ojos, conocer quiénes caminaron antes por ellas y entender el valor de su patrimonio nos ayuda a sentirnos parte de una comunidad y no simples habitantes de un lugar.

Porque Tamaraceite no es únicamente un barrio de Las Palmas de Gran Canaria. Es un antiguo cantón aborigen, un pueblo agrícola que alimentó a generaciones de grancanarios, el corazón del viejo municipio de San Lorenzo y un espacio donde cada calle, cada edificio y cada lugar conservan fragmentos de una historia que merece seguir siendo contada.

Quizá solo haga falta eso: salir a caminar. Dar un paseo por Tamaraceite y dejar que sea el propio pueblo quien nos revele, paso a paso, la riqueza de su pasado y las razones para seguir construyendo con orgullo su futuro.



No hay comentarios:

Publicar un comentario