lunes, 26 de enero de 2026

La paz está en las pequeñas cosas

 

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Cada 30 de enero celebramos el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, una fecha que nos invita a reflexionar en la escuela sobre los grandes conflictos del mundo, las guerras y la violencia que vemos a diario en los medios de comunicación. Sin embargo, quizá la paz no deba buscarse solo en lo lejano, sino empezar a construirse desde lo más cercano: desde casa, desde el centro educativo, desde lo cotidiano, desde las pequeñas cosas.

La paz no es únicamente la ausencia de guerra. La paz es diálogo, es escucha, es acompañamiento, es corrección desde el cariño y es guía cuando alguien se equivoca. En mi caso, esa paz comenzó en casa, en mi familia, compartiendo momentos sencillos pero muy significativos. Las reuniones familiares en torno a la cama de mi madre los fines de semana, cuando llegábamos de salir con los amigos. Allí se generaba un clima de diálogo, de consejo, de reflexión serena sobre nuestras acciones. Eran espacios donde se reconducían conductas, donde se hablaba desde el amor y la preocupación sincera. Probablemente, sin ese apoyo familiar, muchas decisiones y caminos no habrían sido los mismos.

Del mismo modo, el centro educativo debe ser un espacio privilegiado para la construcción de la paz. No solo a través de actividades puntuales, sino creando espacios reales de reflexión, donde el alumnado pueda hablar sobre la paz en el mundo, los conflictos armados, el sufrimiento de otras personas y, sobre todo, sobre los valores que hacen posible una convivencia justa y solidaria. Porque la violencia no surge de la nada, nace de la falta de valores, de la ausencia de respeto, empatía, compromiso y responsabilidad.

Recientemente, en una conversación con una persona, ella afirmaba que el clima de crispación y enfrentamiento que vivimos en la sociedad tiene su origen en los políticos. Yo le respondía que, más allá de la política, el problema está en una crisis de valores sociales. Cuando los valores se debilitan, los políticos son menos comprometidos, los profesionales ya no viven su vocación como antes, cuando el médico era médico siempre, también los fines de semana y en vacaciones, y el maestro sentía su labor como una responsabilidad que iba más allá del horario escolar.

Esta falta de valores también se refleja en lo cotidiano: en la ausencia de gestos sencillos de ayuda entre vecinos, en la falta de compromiso en el barrio o en nuestra comunidad de vecinos, en la indiferencia entre familias, en barrios donde cada uno vive encerrado en su propio mundo. Todo ello va construyendo una sociedad más individualista y egoísta, donde se piensa más en el “yo” que en el “nosotros”.

Por eso, en el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, no deberíamos limitarnos a mirar la política exterior o los conflictos lejanos. Deberíamos preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo yo por la paz?, ¿Qué hago por la paz en mi familia, en mi centro educativo, en mi barrio?, ¿Promuevo el diálogo, la escucha, la ayuda, el respeto y la solidaridad?

La paz no empieza en los grandes discursos políticos, sino en los pequeños gestos diarios. Empieza cuando escuchamos, cuando acompañamos, cuando corregimos con cariño y cuando nos comprometemos con los demás. Solo así podremos construir una paz real, duradera y auténtica. Como decía la Madre Teresa de Calcuta, “Los pequeños gestos de cercanía y humanidad también construyen paz”.

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domingo, 25 de enero de 2026

Entre rebuznos y ladridos, Tamaraceite celebra a San Antonio Abad


La Bendición de los Animales volvió a convertir a Tamaraceite en el punto de encuentro de los animales de los barrios del distrito, en honor a San Antonio Abad, en una jornada donde la fe, el amor por los animales y la identidad popular iban de la mano. Este acto, el más carismático de las fiestas del barrio capitalino, reunió una vez más a vecinos y visitantes en torno a una celebración que trasciende lo religioso para convertirse en una auténtica fiesta popular.

Desde primeras horas, la plaza fue un hervidero de vida. Animales de todos los tamaños y procedencias aguardaban pacientemente su turno: vacas de imponente presencia, caballos, burros mansos, ovejas, carneros y cabras que recordaban el pasado agrícola del barrio. Junto a ellos, una multitud de animales domésticos aportaba la nota más cercana y entrañable: tortugas que asomaban tímidamente la cabeza, jaulas con pájaros inquietos, gatos curiosos y, sobre todo, perros de todas las razas, tamaños y edades, protagonistas indiscutibles de la mañana.

Antes de la bendición, el programa arrancó con una animada gymkhana protagonizada por los animales de arrastre y los burros, un guiño festivo que arrancó risas y aplausos del público. Fue una forma de rendir homenaje al trabajo silencioso de estos animales en la historia rural de Tamaraceite, reforzando el vínculo entre tradición y presente.

Uno de los momentos más celebrados llegó de la mano del cura párroco, Víctor Domínguez, quien no dudó en meterse de lleno en la fiesta. Primero, entrando en la plaza a lomos de un asno, entre la sorpresa y el aplauso general, y después atreviéndose a ordeñar una cabra, gesto que rompió la solemnidad y acercó aún más el acto a la gente.

La jornada culminó con un broche tan dulce como simbólico, la bendición de los bizcochos lustrados de Tamaraceite, esas joyas de la repostería tradicional que Mariquita Villegas supo poner en valor y que, según la memoria popular, tanto deleitaban a don Benito Pérez Galdós. Con ellos, se selló dulcemente una celebración que, un año más, reafirmó a Tamaraceite como un barrio orgulloso de sus raíces del sector primario, capaz de convertir una tradición centenaria en una fiesta viva, cercana y profundamente humana.



jueves, 22 de enero de 2026

"Todos Olímpicos" en el CEIP Los Giles

 


Este martes nuestro centro tuvo el honor de recibir la visita del triatleta olímpico Cesc Godoy, dentro del proyecto “Todos Olímpicos”, una iniciativa que acerca los valores del olimpismo a los centros educativos. Nuestro alumnado lo entrevistó y puedes escuchar el podcast en nuestro blog: https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/edublog/ceiplosgiles/2026/01/20/todos-olimpicos-acerca-los-valores-del-deporte-a-nuestro-centro/



lunes, 12 de enero de 2026

La cuesta de enero

Por Esteban G. Santana Cabrera


Pasamos de unos días cargados de ilusión, emociones, esperas, bullicios, colas, a, de golpe y porrazo, convertirse en silencio, desesperación, intranquilidad. Por eso quiero centrarme en esos días posteriores que nos llenan de ansiedad y desasosiego, por no pensar en las consecuencias de pasar la tarjeta de crédito a destajo o todos los pagos a plazos. Porque, nunca mejor dicho, todo se paga.

Y todo comienza el Día después de Reyes, que hoy en día suele amanecer con las calles en silencio, los juguetes desparramados por el suelo y una mezcla extraña de satisfacción y cansancio. Pero de pronto, cuando se apagan las luces, se guardan los adornos y, casi sin darnos cuenta, comienza la famosa cuesta de enero. Una cuesta que, en muchos casos, no es fruto del azar ni de una mala racha, sino de decisiones tomadas con más emoción que reflexión.

Durante semanas nos hemos subido al tren del consumismo. Comprar, regalar, celebrar. Como si la felicidad tuviera un precio fijo y como si el cariño se midiera en paquetes envueltos con papel brillante. Pocas veces nos detenemos a pensar que todo lo que se compra se paga. No solo con dinero, sino también con tranquilidad.

Después de las sonrisas, de los Reyes Magos, llegan los llantos.  La tarjeta que no da más de sí, las cuentas que no cuadran, el agobio al final de mes. Y entonces aparecen los recortes. No en lo superfluo, sino en lo básico. Se aplazan cosas muy importantes, se vive con una ansiedad que va calando poco a poco. El exceso de ayer se convierte en la preocupación de hoy.

Pero esto no es nuevo, pero sí cada vez más normalizado. Hemos aprendido a vivir por encima de nuestras posibilidades y a justificarlo en nombre de la ilusión, de los niños, de la tradición. Sin embargo, educar en la ilusión no debería significar educar en el despilfarro, ni confundir amor con consumo.

Tal vez ha llegado el momento de hacer una pausa. De recuperar el pensamiento crítico y la cordura. De recordar ese consejo tan sencillo y tan olvidado: “no echarse a la boca más de lo que uno puede comer”. Porque cuando lo hacemos, las consecuencias no tardan en llegar, y no solo se reflejan en números rojos, sino también en el desgaste emocional, la culpa y la frustración.

Celebrar no debería hipotecar el futuro. Vivir con sentido común no quita alegría, la protege. Y quizá la mejor lección que podemos dejar después de Reyes no esté en lo que regalamos, sino en cómo aprendemos a vivir dentro de nuestras posibilidades, con menos exceso y más conciencia. Porque aquellos regalos que más llegan son los que perduran en el tiempo, y desgraciadamente nunca son cosas que se pagan con dinero.

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sábado, 10 de enero de 2026

El Papa mira a Canarias

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

La sociedad canaria está de enhorabuena por la primera visita de un Papa a Canarias. Y esto no se queda solo en  un hecho histórico, ni en un gesto cualquiera ni en una cita más en la agenda del Santo Padre, va mucho más allá. Para quienes vivimos en estas islas, supondrá un reconocimiento profundo a una realidad que llevamos años afrontando en silencio, con cansancio, viviendo en nuestras propias carnes la insolidaridad del resto de comunidades autónomas y del Estado,  pero también con dignidad. La llegada del Papa León XIV, retomando la promesa que el Papa Francisco dejó a los fieles canarios poco antes de morir, tiene un fuerte valor simbólico, el de una Iglesia que no se olvida de las periferias, ni humanas ni geográficas, que no se olvida de los que más sufren y buscan un futuro mejor, pero tampoco se olvida de los pueblos que acogen.

Canarias, territorio muy sensible a la migración desde época histórica, se ha convertido en una de las principales puertas de entrada de emigrantes hacia Europa. Detrás de cada cayuco que llega a nuestras costas hay rostros, nombres, historias rotas por la pobreza, la violencia o la desesperanza. Con el paso del tiempo, el impacto de este fenómeno ha ido calando en la sociedad canaria, generando solidaridad, pero también miedo, desgaste y sensación de abandono institucional. La presencia del Papa supone un acto de cercanía por parte de la Iglesia, una manera de decirnos que nuestra realidad sí importa y que no estamos solos.

La Iglesia puede y debe jugar un papel clave ante el drama migratorio que sufre Canarias. No solo como altavoz que denuncia la injusticia de un sistema que ha convertido, a los ojos de todos el Atlántico, en el mayor cementerio de Europa, sino también como espacio de acogida y mediación. Muchas parroquias, Cáritas, asociaciones y comunidades religiosas están sosteniendo, en silencio, una labor inmensa de ayuda humanitaria, acompañamiento y defensa de los derechos humanos. La visita del Papa es una manera de reforzar y visibilizar este trabajo, dándole mayor fuerza moral y social.

Pero más allá de la ayuda material, la Iglesia tiene la capacidad de humanizar el debate migratorio. En tiempos en los que el discurso político se polariza y el migrante se reduce a cifras o problemas, el mensaje evangélico se centra en las personas. La presencia del Papa en Canarias es una llamada directa a Europa y al mundo a mirar la migración no como una amenaza, sino como una realidad de este siglo que exige corresponsabilidad, justicia y sobre todo, mucha humanidad.

Para el pueblo canario, esta visita es un gesto de esperanza, donde se  reconozca el esfuerzo de una tierra que acoge, aun cuando sus recursos son limitados. Que el Papa pise nuestras islas es, en el fondo, una invitación a no endurecer el corazón, a seguir tendiendo la mano sin perder la exigencia de soluciones políticas justas y duraderas.

Los canarios esperamos esta visita con gran alegría, ya que la Iglesia y su máximo representante en la Tierra, es un faro que alumbra en medio de esta crisis migratoria global. Y quizás eso sea lo más importante de esta primera visita papal a Canarias, recordarnos que la fe, cuando se hace compromiso, se convierte en esperanza.

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martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes Magos, protagonistas pese a todo

Por Esteban G. Santana Cabrera

Como cada año, el 5 de enero, vuelvo al mismo sitio, al Parque de Santa Catalina, llueva o haga sol, al banco de siempre, la misma espera que parece eterna y, sin embargo, con la ilusión de cada año. Es la tarde de Reyes más lluviosa de los últimos años y, aunque el tiempo no ha acompañado, el público infantil no ha querido faltar. Los niños miran, debajo del paraguas de sus padres, al fondo de la calle Albareda, con la certeza absoluta de que la magia existe,  esperando a sus Reyes Magos aparecer. Esos mismos Reyes Magos que fueron siguiendo una estrella hasta un portal humilde donde, hace más de dos mil años, nació el Niño Jesús. Aunque desgraciadamente, para muchos, eso poco importa ya.

La cabalgata se anunciaba “con muchísimas novedades”. Récord de participación, más de mil figurantes, dieciocho vehículos, muñecos hinchables gigantes que prometían hacer las delicias del público. Y mientras tanto, a mi lado, un niño de no más de cuatro años aprieta con fuerza la mano de su madre. No pregunta por Toy Story ni por Harry Potter. Pregunta por qué Melchor no viene ya, que se va a mojar. 

La espera es parte del ritual. La lluvia ha estado más presente que otros años pero dio una tregua. Los niños y las niñas  se suben a los hombros de los mayores, se sientan en el suelo aunque se mojen, se levantan de golpe cuando suena una música lejana. Cada sonido parece anunciar algo que viene. Es una espera nerviosa, ilusionante, casi sagrada. En algún momento, alguien menciona la chupa. Ese acto pequeño y enorme a la vez: entregar la chupa a los Reyes como prueba de que el bebé ya es mayor. Veo a una niña sujetarla con una fuerza que la supera, aunque los ojos se le humedecen. No hay muñeco hinchable que compita con ese instante.

Empieza el desfile y lo hace, como casi siempre, con estruendo y este año con algunas gotas en momentos molesta. Luces de colores, música, personajes que nada tienen que ver con Oriente ni con camellos ni con estrellas. Los niños mirando fijamente. Se ríen, señalan, se distraen. Pero también preguntan. “¿Cuándo vienen los Reyes?”, “¿ya llegan?”. La cabalgata avanza lenta, interminable por momentos, como si se olvidara de su verdadero motivo.

Una pregunta había entre los mayores: ¿qué tienen que ver los muñecos Disney con los Reyes Magos? ¿De verdad hace falta tanto ruido para sostener la ilusión? Y no dejan de tener razón. Porque la ilusión ya está ahí. Vive en la espera, en la carta escrita meses antes, en el miedo a no haber sido lo bastante bueno, en la esperanza de que Melchor, Gaspar y Baltasar lo sepan todo y aún así perdonen las pequeñas trastadas.

Cuando por fin aparecen, todo cambia. No importa cuántos personajes hayan pasado antes. No importa la espera, ni el cansancio, ni la lluvia, ni el tiempo de pie. Los niños se estiran, gritan, agitan las manos. Algunos se quedan en silencio, sobrecogidos. Otros lloran sin saber por qué. Es emoción en estado puro. Los Reyes Magos existen en ese momento, y existen de verdad.

Desde Santa Catalina los veo pasar a toda prisa, lanzando confetis, saludando, mirando a los niños como si fueran los únicos. Y lo son. En ese instante, cada niño siente que ese Rey le mira solo a él. Ahí está la magia que no necesita adornos, ni muñecos a su alrededor, ni carrozas anunciadoras.

Cuando todo termina, quedan papeles mojados en el suelo, suciedad, gente corriendo para no mojarse, padres agotados y niños con la cara iluminada. Mañana habrá regalos, pero hoy queda algo más importante, la certeza de haber visto a sus Reyes. Y pienso que, quizás, no hace falta tanto disfraz ni tanto espectáculo. Que la cabalgata de Reyes no debería olvidar nunca que no es un carnaval. Es un acto de fe infantil. Y eso, por sí solo, ya lo hace extraordinario. Feliz Día de Reyes.



La Provincia

viernes, 2 de enero de 2026

Las Charcas de San Lorenzo, revestidas de verde esperanza

 

Por Esteban G. Santana Cabrera 

Las últimas lluvias han obrado un pequeño milagro en Las Charcas de San Lorenzo. Allí donde durante
los últimos años solo hubo polvo, olvido y dejadez, ha vuelto a brotar el verde. Un verde intenso, casi insolente, que se abre paso entre la tierra húmeda y nos recuerda que la naturaleza nunca se rinde del todo. Pasear por este rincón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria es, por momentos, sentirse lejos del asfalto, como si camináramos por algún paraje del norte peninsular y no en pleno corazón de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En estas vacaciones he recorrido este espacio con mis hijos. Sus ojos, acostumbrados al cemento y a las pantallas, se abrían sorprendidos ante los estanques que han vuelto a coger agua, ante la vegetación que reverdece y ante la sensación de estar descubriendo un lugar secreto. Los estanques de barro, silenciosos durante tanto tiempo, parecen reclamar su memoria, aquellos años en los que las aves encontraban aquí refugio, descanso y lugar para nidificar. Un ecosistema vivo, construido por generaciones pasadas, que supo armonizar el uso agrícola con el respeto al entorno.

Pero junto a la esperanza, aflora también la herida. Porque las recientes lluvias han sacado a la luz no solo la vida, sino también el abandono. Acequias históricas colmatadas de escombros, el Camino Viejo de San Lorenzo convertido en improvisado vertedero, restos de una desidia que devalúa un patrimonio hidrográfico y etnográfico único. Resulta doloroso comprobar cómo un espacio catalogado por su alto valor ambiental y ornitológico sigue a la buena de Dios, sin protección real, sin mantenimiento, sin un proyecto que lo devuelva a la ciudadanía.

Llevamos años reivindicando que Tamaraceite es el espacio ideal para crear un gran parque agroambiental en una gran ciudad, y que pueda ser un Aula de la Naturaleza referente a nivel nacional por ser una zona de interés agrícola y donde se encuentran zonas de cultivo en expansión, estar atravesada por un camino real, que antaño unía los pueblos de Tamaraceite y San Lorenzo y que era zona de paso entre la ciudad y Teror, existiendo actualmente este camino que llega por el Román y San José del Álamo hasta la Villa Mariana. La situación estratégica en la que se encuentran las Charcas de San Lorenzo ha sido reconocida por distintas organizaciones por ser zona de paso de aves migratorias.

Las Charcas de San Lorenzo no son un solar vacío esperando su turno para ser urbanizado. Son historia viva. Son arquitectura del agua del siglo XVII. Son un corredor natural en una ciudad que crece sin pausa y que necesita, más que nunca, pulmones verdes, lugares de encuentro y de educación ambiental para los más jóvenes. Aquí, a escasos metros de centros comerciales y grandes infraestructuras, podría latir un espacio distinto, un Parque Agroambiental que combine naturaleza, agricultura, cultura y aprendizaje.

Ahora que se acercan los Reyes Magos, es buen momento para pedir deseos que no se envuelven en papel de regalo. Que las administraciones miren hacia este lugar con la responsabilidad que merece. Que se recupere el proyecto ya existente, fruto de años de trabajo ciudadano y técnico. Que se rehabiliten los estanques, las acequias y el Camino Viejo. Que vuelvan las aves, los escolares, los paseantes. Que este verde reciente no sea solo un espejismo tras la lluvia, sino el inicio de una transformación justa y necesaria.

Porque cuando la naturaleza responde así, incluso después de tanto abandono, no está pidiendo limosna. Está exigiendo respeto. Y Las Charcas de San Lorenzo lo merecen. No dejen de visitarlas antes de que el verde se convierta en gris.

La Provincia



lunes, 29 de diciembre de 2025

Más Educación, más calidad de vida y menos ruido en el Año Nuevo

Por Esteban G. Santana Cabrera 

El año nuevo siempre llega cargado de promesas. Sobre todo si escuchamos los discursos políticos de fin de año donde se hace balance de lo pasado y se “promete” el futuro. Personalmente creo que es casi un acto de fe confiar en que los próximos doce meses nos traerán más luces que sombras, más avances que retrocesos. No se trata de ingenuidad, sino de esperanza, una palabra que sigue teniendo sentido cuando se la acompaña de reflexión y compromiso.

Ojalá este 2026 sea un año de buenas noticias. Un año en el que la cordura se abra paso, especialmente en el ámbito político, donde tantas veces el ruido termina ahogando las soluciones. Necesitamos serenidad, acuerdos y una mirada a largo plazo que ponga a las personas en el centro. Porque gobernar no debería ser una carrera de obstáculos, sino un ejercicio de responsabilidad colectiva. Al hilo de esta idea me vienen a la cabeza las conversaciones con mi amigo Luis Cristóbal García Correa en su etapa de concejal del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, sobre la responsabilidad del político de verdad, del que busca el bien común y no su propio beneficio, de aquel que intenta ser un servidor público y no servirse de su puesto para malversar, prevaricar y hacerse poderoso ante los ciudadanos.

En este nuevo año mis mejores deseos de salud, que nunca deja de ser la base de todo lo demás. Que los avances médicos sigan llegando, no para alargar la vida hasta cifras casi irreales, sino para mejorar su calidad. Vivir más solo tiene sentido si vivimos mejor, con menos dolor, más autonomía y mayor bienestar físico y emocional. Potenciar a los investigadores canarios, ponerlos en valor, hará que creamos más en los profesionales sanitarios de nuestra tierra, que son muchos y buenos.

Pero si hay un ámbito donde el nuevo año debería marcar un antes y un después, ese es la Educación. Estrenamos ministra, y con ella se renueva, al menos sobre el papel, la esperanza de que algo cambie. Sin embargo, la experiencia nos invita a la prudencia. La política educativa en España sigue anclada en un viejo mantra: “cada maestrillo tiene su librillo”. Y así, entre leyes que nacen con fecha de caducidad y reformas que no terminan de calar, el sistema avanza sin un rumbo claro y compartido.

Uno de los grandes silencios del debate educativo es la evaluación del profesorado. Cada año se incorporan nuevos docentes al sistema sin que exista una verdadera cultura de seguimiento, acompañamiento y mejora. Apenas se mide qué se hace en el aula, cómo se hace o qué impacto tiene en el aprendizaje del alumnado. Y no estoy hablando de rendimiento ni calificaciones que muchas veces muestran un falso retrato de la realidad. Evaluar al profesorado no debería ser sinónimo de castigar, sino de ayudar a crecer profesionalmente. Mejorar la calidad del docente es, sin rodeos, mejorar la calidad de la Educación.

A esto se suma una cuestión cada vez más urgente y que no paro de reivindicar: la salud mental del profesorado. Cuidarla no es un lujo ni una moda, es una necesidad vital para poder afrontar cada día un aula diversa, exigente y con múltiples problemáticas. Un docente agotado difícilmente puede inspirar, acompañar y transformar. Los políticos, demasiadas veces, miran la Educación como un problema que gestionar y no como una oportunidad para transformar la sociedad. Y es ahí donde perdemos todos.

Desde estas islas que compartimos, espero que este año 2026 seamos un territorio más unido, separado solo por el mar que nos rodea, pero mejor comunicado, más justo y con las mismas oportunidades para nuestros jóvenes, vivan donde vivan. Que el nuevo año nos acerque más, nos haga pensar mejor y nos recuerde que invertir en Educación y en Salud es invertir en futuro.

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lunes, 22 de diciembre de 2025

La Navidad que perdimos

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  
Cada año llega la Navidad envuelta en calles iluminadas con luces brillantes, escaparates repletos y una invitación al consumo desmesurado. Y, sin embargo, cuando nos detenemos un instante a recordar cómo vivíamos estas fechas antaño, es difícil no sentir cierta nostalgia por una celebración más sencilla, más humana y más profundamente espiritual. Hoy, más que nunca, parece necesario preguntarnos qué queda de aquella esencia original que dio sentido a la Navidad y cómo hemos llegado a esta desnaturalización que especialmente hace mella en los más pequeños, para quienes estas fiestas parecen reducirse a regalos, pantallas y listas interminables de deseos.

La tradición cristiana nos recuerda que la Navidad nació de un acontecimiento humilde, el nacimiento de Jesús, en un pesebre, lejos del ruido y en la más absoluta intimidad . Los primeros cristianos no celebraban la Navidad con grandes fiestas ni ceremonias ostentosas; fue con el paso de los siglos cuando la Iglesia incorporó esta fiesta, allá por el siglo IV, para destacar la luz que Cristo traía al mundo en medio de la oscuridad. Desde entonces, la Navidad se convirtió en símbolo de esperanza, de renovación interior y, sobre todo, de un Dios que se hace cercano. Las culturas cristianas, a través de los siglos, han enriquecido esta celebración con villancicos, belenes, misas del gallo, y tradiciones familiares que invitaban a compartir, agradecer y recordar el sentido profundo del nacimiento de Jesús.

Sin embargo, nuestra sociedad contemporánea parece haber desplazado este sentimiento más espiritual hacia un horizonte de puro consumo. La publicidad, que empieza a bombardearnos desde noviembre, nos empuja a creer que la alegría depende de acumular objetos, que el cariño se mide por el tamaño del regalo y que la Navidad solo es auténtica si hay abundancia de regalos. Los niños, especialmente vulnerables, asimilan este mensaje sin filtros, convirtiendo la espera del Niño en la espera de paquetes. A menudo perdemos de vista que la Navidad, lejos de ser un espectáculo de compras, es una invitación al silencio, a la contemplación y a la solidaridad

Me vienen a la mente unas palabras del Papa Francisco: “La Navidad es luz, es un camino, más allá de algo emotivo y los regalos… no se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver”.

Quizá, recuperar la esencia de la Navidad no requiera grandes revoluciones, sino pequeños gestos: volver a hacer el belén con los niños, a cantar villancicos, a la oración, a no malgastar, a tener en cuenta a los más desfavorecidos, o al encuentro sincero con los demás. Recordar que, antes que regalos, la Navidad es camino, es esperanza. Que esa luz que nació en Belén siga invitándonos, aún hoy, a mirar con otros ojos estas fiestas. Con mi más sincero deseo: Feliz Navidad.

La Provincia

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domingo, 21 de diciembre de 2025

Telecanarias navideño

 

El alumnado de 6º de Primaria ha sido el gran protagonista de una experiencia educativa muy especial: la creación de un informativo en formato telediario para dar a conocer cómo se vive la Navidad en las Islas Canarias. Esta actividad se enmarca dentro del proyecto nacional Agrupación de Centros Escolares, en el que participamos junto a centros educativos de Salamanca, Cáceres y Madrid, bajo el nombre común de nuestro proyecto: “En la Onda”.

La radio escolar es el hilo conductor que une a todos los centros participantes y se convierte en una poderosa herramienta de comunicación, aprendizaje y cohesión. A través de ella, nuestro alumnado ha investigado, seleccionado información, redactado guiones y trabajado la expresión oral para compartir con el resto de centros las tradiciones navideñas más representativas de nuestro entorno.

Esta actividad ha contado con la implicación directa del Eje de Patrimonio, integrado en el Proyecto PIDAS, poniendo en valor el patrimonio cultural y social de Canarias. El alumnado ha explorado tradiciones como los belenes, la música navideña, la gastronomía típica o la forma particular de vivir estas fechas en las islas, entendiendo la Navidad como parte de nuestra identidad cultural.

De esta manera, no solo se ha trabajado el conocimiento del patrimonio, sino también el respeto y la valoración de la diversidad cultural, favoreciendo el intercambio entre comunidades autónomas y enriqueciendo el aprendizaje de todos los participantes.

La elaboración del telediario ha permitido desarrollar múltiples competencias: Comunicación lingüística, Competencia digital, Trabajo cooperativo, Educación en valores y conocimiento del entorno.

Además, el alumnado ha asumido distintos roles propios de un informativo (presentadores/as, redactores/as, reporteros/as), aumentando su motivación y su implicación en el proceso de aprendizaje.

Desde nuestro centro, seguimos apostando por la radio escolar como herramienta educativa y por proyectos que conectan aulas, territorios y culturas, haciendo del aprendizaje una experiencia real, significativa y compartida. Seguimos en la Onda… y aprendiendo juntos.