lunes, 27 de febrero de 2017

¿Hiperpadres?

Por Esteban G. Santana Cabrera
Proteger a nuestros hijos no es algo malo, yo diría que hasta necesario, no así la sobreprotección.  Quedan atrás aquellos tiempos en que los niños salían a la calle a jugar, a comprar el pan o a hacer un simple recado. Cada vez vemos menos niños que van a tirar la basura, a jugar con sus juguetes a la acera. Sabemos que la sociedad de ahora no es la misma de hace unos años, pero... ¿quién tiene la culpa de este cambio? ¿Será que la sobreprotección, el miedo o la comodidad nos hace criar a hijos más manipulables y sin pensamiento crítico? Oímos habitualmente decir a algunos padres aquello de "mi hijo no lo voy a dejar pasar las penurias por las que yo pasé". ¿No estarán equivocados? ¿No será que no dejamos madurar a nuestros hijos como es debido? ¿Somos conscientes del peligro que esto acarrea?

Yo me quedé huérfano de padre muy pequeño, con apenas doce años, teniendo que trabajar desde esa edad tan temprana. En muchas ocasiones  mis hermanos y yo tuvimos que enfrentarnos a tareas y compromisos que no eran propios de un niño, pero que fue puliendo  nuestras personalidades. Pasó el tiempo, y ya en la universidad, tenía compañeros que se dedicaban solamente a estudiar, sin ningún otro oficio, y perdían el tiempo y las convocatorias porque no aprovechaban el tiempo. Mi infancia y mi juventud me enseñaron la importancia del esfuerzo,  que para conseguir algo había que trabajarlo duro y  no venía "caído del cielo".

En la sociedad actual tenemos un mal de base, el darle todo hecho a nuestros hijos, y entono el "mea culpa", porque por comodidad, por evitarles esfuerzos y sufrimientos, les facilitamos las cosas hasta el punto que no se dan cuenta del verdadero valor de las cosas. Las celebraciones de cumpleaños que tienen nuestros hijos hoy en día se pueden equiparar casi a celebraciones de boda o bautizos de los de antes. Los días de Reyes se convierten en un sinsentido por querer contentarlos en todas sus peticiones, pero... a los tres días apenas le hacen caso a los juguetes que campan abandonados porque no tienen tiempo para jugar con todos y cada uno.


Los "efectos secundarios" de la sobreprotección se pueden manifestar de muchas maneras. El más claro es el niño que presenta deficiencias en el desarrollo del lenguaje, y que en muchas ocasiones es porque su propio ambiente no le invita a esforzarse para comunicarse, porque lo tiene todo hecho y no le ayudan ni acompañan en el esfuerzo para conseguirlo. Timidez, miedos, agresividad, desinterés en el aula e incluso depresión son otras consecuencias de la sobreprotección. Por ello es importantísimo crear un buen ambiente de aprendizaje en la escuela y en casa, que ayude al alumno en el proceso madurativo.

El Psicólogo David Cortejoso, Máster en Terapia de conducta y Trastornos de la personalidad nos da algunas pautas para evitar la sobreprotección como docentes y como padres en su artículo "La sobreprotección de nuestros hijos y sus efectos" publicado en el portal  Psicoglobalia.  Según Cortejoso hay que dejar que el niño o lo niña se enfrente a las dificultades y a los problemas, para que busque soluciones a los problemas de la vida. Que haga las cosas que le corresponden por su edad, sin miedo a que se pueda equivocar o caer. ¡Si se cae de la bicicleta no pasa nada, ya se levantará! También debe aprender a relacionarse con otros que tengan perspectivas distintas a las de los padres. Afirma también Cortejoso que "debemos ayudarle cuando lo necesite, pero no solucionarle siempre los problemas. Debe aprender por sí mismo a buscar las soluciones o los apoyos necesarios". ¿Cuántos padres no "hacen las tareas" de sus hijos? Y aunque parezca una burrada, es literal, y lo digo con conocimiento de causa. Debemos conocer a nuestros hijos con sus talentos y limitaciones y en función de estos fomentar el esfuerzo. Porque sin esfuerzo no tendremos a hombres y mujeres maduros el día de mañana y serán más fáciles de manipular.

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