sábado, 31 de enero de 2026

La urgencia del ahora


El tiempo pasa volando y no nos damos cuenta. Con el arranque del curso tras las vacaciones de Navidad cerramos el trimestre más largo del año y nos adentramos en otro que ya se intuye marcado por el Carnaval. El calendario escolar se organiza en torno a metas: Navidad, Carnaval, Semana Santa, Verano. El ser humano necesita objetivos, hitos que le permitan orientarse y soportar el esfuerzo cotidiano. Sin embargo, esta necesidad tiene un peligro, ya que vivimos constantemente proyectados hacia el futuro y olvidamos vivir el presente.

Vivimos esperando. Esperamos las vacaciones, el fin de semana, el próximo trimestre, el siguiente puente, la jubilación, la lotería, el próximo logro. Y mientras tanto, el hoy se nos escapa entre las manos. Séneca en su ensayo De Brevitate Vitae escrito hacia el año 49 d.C. y dirigido a su suegro Paulino, afirma que “No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos mucho”. Perdemos la oportunidad de vivir con plenitud lo que sucede aquí y ahora, de atender a lo que somos y a quienes tenemos cerca. Nos preocupamos tanto por lo que vendrá después que dejamos de mirar lo que está ocurriendo delante de nosotros.

El filósofo Martin Heidegger señalaba que “el tiempo es irreversible”, no hay vuelta atrás. Esta desconexión del presente tiene consecuencias profundas. No somos plenamente conscientes de los problemas, las inquietudes o el sufrimiento de las personas que nos rodean, porque nuestra atención está eclipsada por el mañana. Vivimos más en el futuro que en el presente, más en el mañana que en la realidad.

Esta misma lógica se reproduce en la política. Muchos dirigentes parecen más preocupados por mantener su escaño en las próximas elecciones que por resolver los problemas reales de los ciudadanos. El futuro no es el bien común inmediato, sino la permanencia en el poder, “cuatro años más en el sillón”. Así, el presente se sacrifica en favor de una promesa futura que rara vez se cumple. Hannah Arendt ya alertaba del peligro de una política desconectada de la responsabilidad presente, en la que la acción deja de responder a las necesidades reales de la sociedad.

Me gustaría destacar en esta línea a Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares al que pertenecí durante muchos años en mi juventud, que nos decía que para amar a Dios y amar a los hermanos tenemos siempre y solo un momento, el actual. Vivir el presente es uno de los focos de este movimiento y eso lo llevo grabado a fuego. Poner todo el empeño en vivir bien el momento presente nos da  a cada uno de nosotros una oportunidad de ser felices. Viviendo el presente es como podemos cumplir bien todos nuestros deberes. Viviendo el presente es como las cruces que se nos presentan cada día se hacen soportables.

Tal vez el verdadero reto, tanto en la escuela como en la vida y en la política, sea reaprender a estar y a vivir el presente. A vivir el hoy con conciencia, a mirar al otro, a escuchar, a actuar aquí y ahora. Tener objetivos es necesario, pero no a costa de perder el sentido del presente. Porque, al fin y al cabo, es en este instante, y no en el siguiente, donde realmente transcurre nuestra vida.

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