lunes, 31 de agosto de 2026

Sesenta años de una pasión llamada UD Tamaraceite

 

Por Esteban G. Santana Cabrera  

La Unión Deportiva Tamaraceite cumple sesenta años y lo hace regresando a la Segunda RFEF. No es solo un ascenso más, es la confirmación de que aquel club nacido en las calles de un pueblo de Gran Canaria, ahora barrio, humilde, sigue emocionando igual que hace seis décadas.

Y qué bonito que este 60 aniversario coincida con el regreso del club a la 2ª RFEF, una categoría que vuelve a situar al Tamaraceite entre los equipos importantes del fútbol canario. Pero sería un error pensar que este ascenso es únicamente un éxito deportivo. Y lo voy a explicar a continuación.

Formación de la UD tamaraceite de los años 60
La UD Tamaraceite nace oficialmente en 1966, heredera del antiguo Porteño, pero su verdadera raíz es
anterior. Surge del barrio, de la calle, de aquellos chicos que jugaban descalzos en los estanques de Las Cañas, Machado o Hoya Ayala, donde cualquier terreno llano servía de campo de fútbol. Surge de los torneos en el Llano de Juanito Amador, donde acudía todo el pueblo, y donde el balón era la gran fiesta de un Tamaraceite que todavía tenía la sangre de pueblo agrícola, rodeado de plataneras.

Quienes crecieron aquí saben que el fútbol fue, durante décadas, algo más que un entretenimiento. Fue un punto de encuentro en un barrio que carecía de muchas cosas: agua, luz, alcantarillado, infraestructuras. Mientras las administraciones llegaban tarde o no llegaban, la gente se organizaba. Y en medio de aquellas dificultades, el Tamaraceite se convirtió en un espacio de unión, de pertenencia y de esperanza.

Por eso, cuando hoy celebramos 60 años de historia, debemos recordar a los que pusieron la primera piedra sin esperar nada a cambio. A José Tejera, Lorenzo Medina, Folito, Guerrita, Prudencito, Pepe Julio, a tantos directivos, entrenadores y vecinos que trabajaron por el club cuando no había recursos ni comodidades. Debemos recordar también a los jugadores que llevaron el nombre de Tamaraceite por los campos de Gran Canaria y a figuras eternas como Juanito Guedes, cuyo nombre no solo da identidad a nuestro campo, sino que representa el sueño de todo niño del barrio que alguna vez quiso llegar lejos en el fútbol.

El Tamaraceite vivió épocas de gloria y épocas de oscuridad. Ascensos, descensos, campos llenos, dificultades económicas e incluso la desaparición. Hubo momentos en los que parecía que todo había terminado. Pero los clubes que nacen del corazón de un barrio no mueren fácilmente. Permanecen en la memoria de la gente, en las conversaciones de los mayores, en las fotos guardadas en los roperos y en el orgullo de tantos y tantos que nunca dejaron de sentirse blanquiazules.

Por ello, creo que hay una figura que merece un reconocimiento especial en este 60 aniversario: Héctor Ramírez. Fue cocinero antes que fraile, o lo que es lo mismo, fue jugador del Tamaraceite y ahora es su presidente. Un presidente que ha hecho historia en el club llevándolo a lo más alto.

Su trabajo al frente de la UD Tamaraceite ha traspasado la gestión deportiva ya que ha sido sido una labor de reconstrucción social y emocional. Junto a su familia, sobre todo su hermano Miguel Ángel Ramírez, presidente de la UD Las Palmas, entendió que recuperar el Tamaraceite no consistía solo en competir, sino en devolverle al barrio una parte de su identidad.


La escuelita de fútbol del Tamaraceite es, probablemente, una de las obras más importantes que se están realizando hoy en Tamaraceite. Porque cada niño que entrena en el Juan Guedes está siendo parte de su historia. Está aprendiendo disciplina, compañerismo, respeto y esfuerzo. Está ocupando su tiempo en un entorno sano y educativo. Y eso, en un barrio que ha crecido muchísimo en población pero que sigue necesitando más espacios y oportunidades para su juventud, tiene un valor incalculable.

A veces hablamos de los ascensos como si fueran solo cuestión de goles y clasificaciones. Pero el verdadero ascenso del Tamaraceite comenzó el día en que decidió volver a ser útil para su gente.

El regreso a la 2ª RFEF es motivo de orgullo, sí. Pero el mayor orgullo no está únicamente en la categoría. Está en ver el Juan Guedes lleno de niños con la camiseta blanquiazul. Está en escuchar a los mayores contar cómo ayudaron a construir el campo. Está en sentir que, después de 60 años, el Tamaraceite sigue siendo reconocible.

Porque hay clubes que representan una ciudad. Otros representan una empresa o una institución. La UD Tamaraceite representa un barrio y a su gente.

Porteño
Representa a quienes llegaron de Valleseco, Teror, Artenara o La Aldea buscando una oportunidad y
encontraron aquí un pueblo de acogida. Representa a las madres que llevaban a sus hijos a entrenar, a los vecinos que pasaban la bolsa para ayudar al equipo, a los que viajaban en camionetas o furgonetas para jugar un partido fuera de casa, a los que celebraban una victoria como si fuera un triunfo de todo el pueblo.

Por eso, este 60 aniversario no es una mirada al pasado sino al futuro. Que el Tamaraceite siga creciendo, sí. Que siga ascendiendo, también. Pero, sobre todo, que nunca pierda aquello que lo hizo grande desde el primer día, haber nacido de la calle, del esfuerzo de los que empezaron y ya no están y de los que emplean su tiempo, quitándoselo a su familia y gastando su propio dinero. Pero sobre todo del inmenso orgullo de ser de Tamaraceite. ¡Vamos Tamaraceite!

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