lunes, 31 de agosto de 2015

Las vacaciones de los maestros

Por Esteban G. Santana Cabrera
LPDLP. Para muchos de nosotros, sobre todo los docentes, con la llegada del mes de septiembre se nos acaban las vacaciones. Atrás hemos dejado un tiempo que no solo nos ha servido para desconectar, sino para ponernos al día en muchos temas interesantes y que a lo largo del curso se nos hace más difícil tocar, como formarnos, acudir a cursos y a congresos, etc. Este gremio siempre ha sido criticado por tener muchas vacaciones y parece que hay un "interés" en reducirlas entre más tiempo mejor, o al menos igual que el resto de profesiones. Pero la profesión docente es distinta a las demás, aunque tengamos que hacer en muchas ocasiones de bomberos, médicos, enfermeros, psicólogos, abogados, animadores socioculturales, economistas y no sé qué más.

No soy el más indicado para defender a este gremio en cuestiones de derechos laborales, que para eso están nuestros representantes sindicales, pero por defender, en parte, a los que nos critican, decirles que estoy de acuerdo con que las vacaciones se reduzcan, pero con ciertas condiciones.

Estaría de acuerdo con reducir las vacaciones de los docentes si nuestros gestores fuesen capaces de buscar fórmulas que pudieran hacer que el sistema funcionase con más horas de coordinación en horario lectivo, si hubiese una reducción de ratios por clase para poder hacer un mejor seguimiento del alumnado, si hubiera una estabilidad del profesorado no por número de orden sino por perfil que se adecue al centro y entorno, si se contemplase en el horario tiempos para la formación y la autoformación, si la organización de los centros tuviera más autonomía y con tiempos reales para que los docentes y los equipos directivos pudieran dedicarse a organizar y a planificar, no a otras tareas que, en muchas ocasiones, no hacen ni una cosa ni la otra., etc, etc.

Está claro que para poder opinar de la profesión docente y de sus vacaciones hay que estar dentro del sistema para darse cuenta de lo difícil que se hace en muchas ocasiones hacer las cosas bien. Recuerdo un día que estaba en la Dirección Territorial haciendo cola para entregar un documento y delante de mí había un docente sustituto que cuando le llegó su turno le dice a la administrativa "vengo a renunciar a mi plaza". La funcionaria le responde sorprendida: "pero mi niño, vete al médico, cógete unos días y reflexiona antes de renunciar", a lo que el chico le contesta "que no señora, que esto no es lo mío, que ni el dinero, ni las vacaciones,...lo primero mi salud, y yo así no trabajo, me dedico a otra cosa".

Un hecho real que pongo muchas veces de ejemplo para demostrar a los "críticos" que para ser un buen docente no hace falta solo unas buenas vacaciones sino, y en primer lugar, vocación y profesionalidad, y después una buena organización, empezando desde las administraciones, poniendo buenos gestores al frente, que sepan de qué va esto de la educación y que tengan siempre presente que hay mucho en juego, el futuro de nuestros hijos, en definitiva, el futuro de la sociedad.


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